La capacidad humana de raciocinio se puede condicionar a través de una invasión de información falsa o tendenciosa. Se puede secuestrar la inteligencia de una sola persona o de toda una población. Ocurre cuando hay una o más personas con voluntad de poder o dominio, con acceso a tecnología informática, que buscan beneficio propio. Lo más común es que apelen a la estrategia de crear inseguridad y estabilidad en otros. Con ese objetivo se recurre a métodos diversos para conseguir el poder y dominio sobre otras personas. Se crean supuestos liderazgos para pretender someter una población a través de la política. Vivimos una época de acumulación de información que crea una suerte de esclavitud. Muchas veces la persona que es usada o manipulada no se da cuenta y piensa que está defendiendo sus derechos. O que asume el rol de convertirse en defensor de un sistema político.
El arma peligrosa es la ideología. En el Perú, como muchas cosas, se la importa, sin saber exactamente cómo se usa o aplica. He nacido, y vivido en Alemania, el país donde se crearon las tendencias más exageradas de los totalitarismos que algunos llaman de izquierda o de derecha. Igualmente he tenido el privilegio – excepcional- de haber vivido en los países más destacados en la defensa y práctica de la democracia. Seis años en los Estados Unidos de América, seis años en Suiza, doce años en Alemania. Como también en los de marzo arraigo del “comunismo”. He vivido un año en China y dos en Cuba. Además de haber trabajado en otros países y visitado cerca de un centenar.
La experiencia más importante de todo ello me permite afirmar que la concepción ideológica, o como se denomina un país, no es determinante para juzgar a un país. Es en definitiva la manera de actuar de un gobierno. Pongamos un ejemplo: China actual se puede llamar comunista, pero funciona como un país capitalista, al menos hacia el exterior. Los países “socialistas” o en los que el Estado tiene una mayor intervención, son obviamente más propensos a ser señalados como responsables de errores. No obstante Turquía o Arabia Saudita son conducidos por un gobierno de derecha, lo que no los libera de acusaciones de violación de derechos humanos y restricción de libertades fundamentales.
Los enemigos de la democracia –como lo señala Joe Biden- son los gobiernos autoritarios que imponen su voluntad encima de la del pueblo. O los llamados populistas, pueden ser de izquierda o de derecha. Que en nombre del pueblo igual engañan a los que los eligieron. En el mundo del hoy, como lo señalé en mi libro “Relaciones Internacionales Modernas”, solo habrá países eficientes o ineficientes. Que serán medidos por resultados, así como eficacia tanto en resolver problemas internos como por su contribución a la comunidad de naciones.
Estas reflexiones me llevan a pensar que el Perú debe entrar en una fase de conciliación de ideas –que superen cualquier limitación ideológica- en la que la solución pragmática a los grandes problemas debe tener prioridad absoluta.

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