A los difíciles momentos que atraviesa nuestro país por causa de la pandemia del Covid-19, se suma el reciente fallecimiento de 13 jóvenes que, pese a las restricciones dispuestas por el Estado, habían asistido a una discoteca de Los Olivos para divertirse. La responsabilidad de los dueños de la discoteca que organizaron esta actividad prohibida es innegable por la concurrencia de dos factores: 1) La inmovilización dispuesta para los días sábados a partir de las 22:00 horas y el distanciamiento social requerido para evitar contagios (de los 13 fallecidos, 11 estaban infectados con el coronavirus); y 2) La responsabilidad por ignorar la ley y el consiguiente incremento del riesgo de la vida y la salud de las personas. Ambos factores deberán ser considerados de forma objetiva en las investigaciones penales a las que serán sometidos.

Sin embargo, hay otro factor que genera mayor inquietud: que algunos ciudadanos se arroguen la facultad de exigir derechos (sin límites) que consideran que el Estado está obligado a proveerles. Pero están en un error: los ciudadanos, aparte de derechos, también tienen deberes. Estos deberes son, a nuestro criterio, fundamentalmente dos: el deber de autoprotección y el deber de auxilio. El primero consiste en la autoconservación, en el cuidado que debemos tener con nuestra propia vida. El segundo se expresa mediante la solidaridad, que nos impide ver con indiferencia o indolencia el sufrimiento de los demás para que ante un pedido de auxilio prestemos la ayuda necesaria, más aún cuando está en riesgo inminente la vida, la salud o la libertad.

En estos tiempos de pandemia, somos testigos no solo de la crisis del Estado y sus instituciones, sino también de la de liderazgos y el deterioro del sentido común de la ciudadanía. Hay que recordar que la ciudadanía no se limita a la participación política (visión reducida a participar de procesos electorales a través del sufragio), sino que comprende la actuación responsable dentro del marco legal. Es imperativo no olvidar que el complemento de cualquier medida estatal es la debida observancia o cumplimiento por parte del ciudadano. Y ese cumplimiento debe funcionar de modo correlativo.

En el diálogo platónico Critón o del deber, Sócrates decía que el cumplimiento del deber de acatar las normas de la ciudad era de tal naturaleza que se podía anteponer la vida. Ciertamente, hoy sería imposible aceptar tal razonamiento, pero hay que reconocer que los deberes existen y que es indispensable lograr el máximo equilibro entre exigir derechos y cumplir con los deberes.

Por muy cruel que pudiera parecer, las víctimas de este lamentable suceso tienen responsabilidad porque a pesar de ser conscientes del riesgo para sus vidas o salud, a pesar de que el contagio era previsible y también el consiguiente uso de la fuerza de la intervención policial, asumieron comportamientos que significaron un incremento de riesgo para sus vidas. En un contexto como en el que se suscitó esta desgracia, en las víctimas había una aceptación del propio riesgo en una situación de libertad que a veces es mal entendida en el sentido de que no tiene límites ni tampoco responsabilidades.