Hay quienes dicen que la puesta en escena gubernamental ante la llegada de las vacunas es un acto innecesario y oportunista. Discrepo abiertamente. Es un momento clave para que rindamos culto al avance científico manifiesto en esta primera vacuna que llega al Perú. En especial frente a mitos religiosos y populares que, sin fundamento y sumidos en la ignorancia y la superstición, se esconden tras dichos y discursos de charlatanes y hoy candidatos presidenciales y congresales.

El problema es que la pobre puesta en escena del domingo debe ir mucho más lejos que esta rendición cuasi militarista, en un país donde un 48% se resiste aún a vacunarse por miedo. ¿Por qué marchar frente a la vacuna en un país donde el militarismo es sinónimo de perdedores y derrotas? ¿Por qué vacunar primero al Presidente y no a una enfermera o un intensivista de UCI?

Los héroes que necesitamos promoviendo el uso de la vacuna tienen que ser ganadores y de una nueva generación. Tienen que estar vinculados a sectores de avanzada, como la gastronomía, la tecnología y la exportación de vanguardia. No podemos seguir vinculándolos a una clase política que cada día tiene un menor respaldo y una mayor desconfianza popular.

El detalle es que el uso del show y el espectáculo tiene que darse en su verdadera dimensión. Tenemos que apostar a una puesta tipo streaming, como ocurre hoy en Netflix o Disney+, donde guiones y narrativas explotan el audiovisual, con primeros planos de la investigación científica en laboratorios, mostrando el virus y los antivirus en combate real; de manera que los peruanos veamos en vivo lo que “poner el hombro” significará cuando la vacuna entre a nuestras venas y nos proteja contra el virus.

Las imágenes de alto impacto serán mucho más potentes para comunicar, orientar y educar al ciudadano, que ver al Presidente y a sus ministros de transición cuadrados en firme frente a un avión, en pose militar, como si se tratara de un arma que asegurará su éxito militar; que sin duda no tendremos en el corto plazo. ¿Acaso no es consciente que seguimos al final de la fila?

El reto es convertir esta guerra perdida hasta el momento, en una batalla recreativa que apueste por remontar la paliza que viene dándonos este virus maldito (por nuestra propia incapacidad de gestión, por cierto), y comenzar a instalar en los peruanos que sí se puede vencerlo a mediano y largo plazo, aunque eso signifique un sacrificio de años (cosa que es verdad), sin falsas promesas, sin vendernos simulacros, sin mentirnos, pero con la convicción de que el virus no podrá volvernos a encontrar con los pantalones abajo.