La detención de sus colaboradores palaciegos más cercanos ha desubicado psicológica y políticamente al Presidente, aunque ya la procesión parece que venía por dentro desde la difusión de los audios de la vergüenza.

El Presidente repentinamente se ha vuelto hiperactivo, demasiado locuaz, aunque su verbo carezca de consistencia lógica, peso mental y firmeza expresiva. Brinda entrevistas muy concesivas, ofrece conferencias de prensa de manera continua en donde repite más de lo mismo, carece de capacidad autocrítica y, para él, todo va viento en popa, todavía cree que su liderazgo ante el Covid 19 ha sido el mejor del universo, no habla de la crisis económica, de la pérdida de empleos por millones, de la casi segura ruptura de la cadena de pagos; tampoco es objeto de sus reflexiones la secuela post Covid con daños colaterales en la salud de los que fueron infectados y superaron la crisis y, por ende, de las prestaciones futuras de salud porque parece haber olvidado que los hospitales no solo existen para luchar contra el Covid sino contra otros muchos males; nos predica de la solución final con vacunas que aún no existen, programando desde ahora a los segmentos de población que las recibirán prioritariamente, pero sin indagar ni decirnos cuáles pueden ser los efectos nocivos de dichas vacunas tan rápidamente elaboradas ni cómo enfrentaríamos una situación de tal naturaleza. Viaja por todos lados hablando de éxitos que existen solo en su mente, inaugurando obras que él no impulsó y hasta se ha vuelto un devoto religioso en los últimos tiempos.

Estamos pues en un completo desgobierno, con un presidente que solo piensa en el plazo vencido, siendo lamentable que no se genere un debate serio sobre la magnitud de la crisis que se nos viene por el irresponsable derroche en el presente con su fétida secuela de corrupción generalizada.

Para el Presidente el tiempo del confinamiento social ha sido un tiempo de descanso y no de sufrimiento, no teniendo mejor idea que mancillar la memoria de nuestro ilustre Miguel Grau y de su heroica inmolación en Angamos, justo en momentos en que necesitamos recuperar nuestros ímpetus de lucha contra la grave situación que atravesamos, con una voluntad de no rendirnos jamás, pero con un líder coherente y de valía. Valía la pena el feriado para reflexionar y actuar. Finalmente, parece que, para el Presidente, los mayores de 65 años no tienen cabida en la economía nacional.