Atravesamos una grave crisis y todos tientan la reinvención. Joe Girard se encontraba desempleado en 1963. Tenía una familia que sostener. La deuda hipotecaria le reventó en el rostro. ¿Te has encontrado de pronto frente a un abismo? En ese supuesto, muchos quieren dar un paso y caer. Eso hizo Girard y su familia. Abordaron el primer bus, sin dinero ni nada, decididos a resetearse allí donde el vehículo se detuviera al final. Se detuvo frente a una concesionaria de Chevrolet. El hombre se acercó y observó los autos, no tenía nada que perder, le rogó al jefe de la concesionaria una oportunidad. La obtuvo, se había malbarateado, solo pidió un teléfono. Llamó a muchos conocidos suyos, insistió. Se quedaba en el local cuando todos se retiraban a sus casas. Pronto llegaría su primera venta, muy tarde en la noche.

Poco a poco se fue convirtiendo en el más eficaz vendedor de la marca y habría de convertirse en el más grande vendedor del mundo, tanto que entró al Libro Guinness. Trescientos autos vendidos al año. En un solo día llegó a vender dieciocho. En su carrera de quince años vendió trece mil vehículos y amasó una fortuna. Así fue como el desempleado desesperanzado y lloroso llegó a la cumbre. ¿Qué hizo en realidad? ¡Allí el milagro del ingenio en la crispación! Elaboró un plan de atención al cliente, trazó un sistema de notas de agradecimiento (así los clientes lo recomendaban) e inventó el Bird Dogs. El creador del networking de las ventas buscaba a barberos, mecánicos, tenderos, plomeros, veterinarios… y les entregaba su tarjeta, prometiéndoles una comisión por cada auto vendido.

Su red hablaba bien de él y de sus Chevrolet… y los clientes llegaban. Tornados en compradores, Girard les enviaba tarjetas y los convertía en puntos de su red sin perderlos de vista en las fiestas y las navidades, así las recomendaciones corrían. Sí, créame que Girard inventó el Facebook cuando no había computadoras personales, pero aún mejor. El gran vendedor visitaba diversos oficios, les ofrecía una comisión y les proporcionaba un letrero para sus vitrinas que decía ‘pregúnteme acerca de la mejor oferta de coches de la ciudad’. La promoción a su estilo. Curioso en un personaje que había sido un empleado súbitamente en el vacío y que jamás estudió ventas. Es que Girard dejó de ser una demanda para convertirse en una oferta. Allí residía su secreto.