Dentro de la naturaleza humana, el temor forma parte de ella, más aún cuando se trata de algo desconocido, que no lo percibimos con los sentidos, pero se encuentra latente en el interior de las personas, frente a los sucesos humanos que no lo podemos prever, aparecen en la vida de un momento a otro, como, por ejemplo, conoces a una persona y de un momento a otro no está en la vida terrena por diferentes circunstancias, inmediatamente se instala en la mente el temor de que te suceda algo o a un ser querido por la forma intempestiva de los hechos. Muchas personas no le prestan la debida importancia y se jactan, de no tener a miedo a nada y que están preparados para afrontar cualquier evento, pero muchas a la hora de confrontarlos son los primeros en pedir ayuda y su actitud queda en saco roto.
Los temores son retos para alcanzar diferentes objetivos, más bien, en algunos casos tienen un sentido motivacional para superarlos y las personas se sienten convencidas de lograrlos, como en el caso de un concurso de trabajo, que exige una serie de requisitos a cumplir, previa a la entrevista, como el currículo, capacitación, entrenamiento, experiencia y el postulante se encuentra psicológicamente apto, va a lanzarse, manejando sus temores, logrando sus fines propuestos, porque en su interior no existe un espíritu derrotista, todo lo contrario, altruista, no juega la desesperanza, sino la esperanza, ni pensamientos catastróficos sino de victoria; y el resultado se aprecia en los emprendedores, que saben manejar sus temores y se arriesgan a ser triunfadores en todas las oportunidades que se les presentan en la vida, porque tienen claro el camino que quieren recorrer, su lema es “quiero ser alguien en la vida”. Útil para uno mismo y los demás.
Una de las formas para comprender, entender y afrontar los temores, es la educación que se imparte en el seno familiar, si encontramos padres que constantemente están gratificando a los hijos con palabras de halago, gestos, caricias, que los hijos sientan y perciban que son importantes para los padres y familia, son candidatos para saber canalizar sus temores, son seguros de sí mismos y no débiles, el temor no va a paralizar a estas personas.
Hay experiencias no muy gratificantes, que los temores han marcado en la vida de las personas, que no han podido superarlos, en algunos casos, como por ejemplo la caída del caballo, el miedo al mar, porque estuvieron a punto de ahogarse, los temblores, la altura, la velocidad, la oscuridad, la soledad, la dependencia, que muchas veces se traslada a la nueva familia que se constituye.
En algunas situaciones en que los niños y niñas no son debidamente motivados por los padres, los disminuyen, los califican como incapaces de hacer las cosas bien, poco triunfadores, baja autoestima, los marginan, no le dan el lugar que les corresponde dentro del grupo familiar, están formando personalidades débiles, derrotistas, conformistas con mucho temor a los retos, que van a necesitar ayuda asistencial urgente.
Conocí el caso de un joven que nunca logró desflorar a una mujer, porque en el acto sexual no se erectaba, en otras ocasiones al momento de la penetración disminuía su potencia sexual, en las sesiones que tuvimos le solicité que explicara qué sentía antes del acto y en el momento, me contestó que sentía mucho temor de no poder lograrlo, le pregunté a qué le atribuía ese miedo, contestó que sus padres y familiares constantemente le decían que era incapaz de lograr las cosas. Allí estaba la raíz de los temores y los superó.

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