En la recta final de la primera vuelta de las elecciones de 2016, el proceso fue el siguiente: el crecimiento sorpresivo de Verónika al segundo lugar (al final quedaría tercera con 18.74% detrás de PPK con 21.05%) asustó al electorado y activó el antiizquierdismo.

Para que Verónika no pasara a la segunda vuelta, el sector A/B y quizá parte del C giró en masa a votar por PPK. El lector no lo habrá olvidado. El pánico condujo al elector. El miedo es una fuerza muy poderosa.

Si ese fenómeno ocurrió de manera natural o fue inducido (“inceptado” es el término técnico hoy día) es algo sobre lo que el lector puede sacar su propia conclusión.

Asegurado PPK en la segunda vuelta del 2016, la segunda parte del proceso fue activar el antifujimorismo contra Keiko Sofía.

A ella, que había obtenido un 39.86% en la primera vuelta el 10 de abril, la encuestadora de mayor credibilidad entonces, Ipsos/El Comercio, le dio a ella 50.2% versus 49.8% a PPK el 15 de mayo. Para el 22 de mayo, la distancia había crecido a 52.6% versus 47.4%. En su último simulacro de votación del 29 de mayo, a una semana de la elección, la encuestadora dio 53.1% versus 46.9%. Keiko Sofía ganaba holgadamente la segunda vuelta por seis puntos de distancia.

Una semana después, el 5 de junio, el resultado de la segunda vuelta favoreció a PPK con 50.1% versus 49.9%.

¿Tres puntos porcentuales de votos válidos, más de medio millón de personas, migraron de K a PPK en una semana? ¿Los mismos tres puntos que había recibido en las dos semanas anteriores entre el 15 y el 29 de mayo?

¿Es verosímil esto? ¿O es que esos tres puntos nunca fueron de K en realidad sino que le fueron atribuidos en las tres últimas encuestas?

¿Se dejó llevar la encuestadora por la veleidad del electorado? ¿Fue este un error involuntario? El lector puede sacar su propia conclusión.

Hoy debemos estar en guardia contra el autoengaño de inflar sucesivamente el antiizquierdismo y el antifujimorismo para que, como en el 2016, resulte elegido el “mal menor”.

Estamos advertidos.