Lo repetiré una vez más: las guerras se pierden por luchar contra el enemigo equivocado. Muchos de buena fe creen que estas elecciones son una cruzada contra la corrupción de la orilla opuesta. Pero la corrupción se halla en ambas. Enquistada en el Estado caviar en la orilla izquierda y en el remedo mercantilista del capitalismo en la derecha. La cruzada contra la corrupción tiene que apuntar contra ella en ambas orillas o nunca logrará derrotarla.

Pero no es ese el modo en que la disyuntiva se presenta hoy. En lo inmediato, nos hallamos ante una ofensiva brutal del eje Caracas-La Habana. Y lo primero es detener esa ofensiva.

Las distintas elecciones del próximo año y medio en Sudamérica son los escenarios de la madre de todas las batallas. Luego de que el eje se apoderara de México y Argentina y ganara en Bolivia y Ecuador y en el referéndum en Chile, ha puesto los ojos en el Perú.

La primera fecha crucial es la primera vuelta del próximo domingo 11 de abril. Le siguen las elecciones parlamentarias de mitad de mandato en México en junio y de Argentina en octubre; las presidenciales chilenas de noviembre; y les siguen las presidenciales de Colombia en mayo de 2022 y, finalmente, el partido de fondo: las elecciones presidenciales de Brasil en octubre de 2022.

Tal como se ve desde hoy ese partido de fondo luce perdido. Luego del fracaso de Bolsonaro en el gobierno, las encuestas le dan hoy un 34% a Lula para el 2022. Y el partido, además, se decidirá en la mesa, no en la cancha. Ciertamente el Estado caviar brasileño conseguirá despejar el camino de Lula.

No podemos, pues confiar en Brasil, ni en Chile ni en Colombia, luego de dos deficientes gobiernos de derecha mercantilista. Y menos en que la caviarada argentina o mexicana vayan a perder sus elecciones parlamentarias de medio tiempo.

Por lo tanto, el punto de inflexión para voltear la marea de la ofensiva continental es el Perú. Igual que hace 200 años, somos el último bastión.

Lo que las encuestas están diciendo hoy es que la extrema derecha no puede derrotar en la segunda vuelta a ninguno de los candidatos de la izquierda. Solo el centro puede hacerlo.

Usted, lector, es quien debe elegir quién puede llevar a cabo esa cirugía y extirpar el cáncer. Solo puede hacerlo quien tiene clara la noción de que la cruzada contra la corrupción tiene que atacar ambas orillas al mismo tiempo. Y quien tiene, además, los instrumentos de precisión para hacerlo: garantizar para siempre a los peruanos que su propiedad servirá para llegar al capital y que nadie podrá quitársela.

Si triunfamos, los demás países nos seguirán a la lucha contra el enemigo real. No se trata, pues, de un cálculo sobre el mal menor o el voto perdido. Se trata de vencer nuevamente en la batalla final por la libertad de Sudamérica.

jorgemorelli.blogspot.com

@jorgemorelli1

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.