Una de las características que tiene el ejercer el derecho animal es la empatía, pues es imposible ayudar a los animales o luchar por hacer efectivo sus derechos sino contamos con esa conciencia y elegancia humana que nos hace ver a un animal como parte de la familia, o como un ser viviente que tiene los mismos derechos a la vida y salud tal como nosotros los humanos.
Desafortunadamente en esta pandemia muchos animales han perdido a sus tutores, y no a cualquiera, porque conocemos tutores desde los que ejercen tenencia responsable y los otros que son capaces de dar la vida por sus mascotas, y justo esa es la empatía a la que me refiero hoy.
En mi camino de abogada conocí mucha gente dedicada a esta causa, ya sea desde plataformas dedicadas al cuidado animal hasta la acción unilateral en la que compartían experiencias y apoyaban la causa de la lucha contra el maltrato animal desde sus redes sociales; es así como conocí a Zoila Huertas Samanez, una persona con un extraordinario e incomparable sentido de la responsabilidad frente a los animales y ayuda al prójimo sin importar la especie, una psicóloga con un profesionalismo de excelencia y una mamá de 4 patas admirable, Zoila reunía todo lo bueno que quisiera tener un humano, en ella estos sentimientos y virtudes eran innatos, pues no esperaba nada a cambio, no mediaba lucro, solo un sentimiento de solidaridad hacia cualquier animal o humano que lo necesitara.
Sin darnos cuenta nos convertimos en amigas íntimas, cosa atípica en mí pues soy persona de no tener muchos amigos. Zoila veló por mí, mientras como ustedes, queridos lectores, sabían que mi padre estaba en UCI, para luego fallecer por negligencia médica de covid-19. Nunca nos faltó una misa que no haya sido gestionada por Zoila, pues yo no tenía tiempo de ello, mi vida consistía en estar en el hospital con mi hermana día a día en UCI, luchando por la vida de mi padre, luego llegó el golpe más fuerte que he recibido en mi vida que fue perder a mi padre, ante ello Zoila no dudó en estar pendiente de mi salud mental como amiga y psicóloga, lo cual jamás olvidaré. Sin embargo, al poco tiempo de fallecer mi padre, nuestra querida Zoila enfermó de covid-19 y después de un mes y medio en UCI falleció. Ella deja a sus hijos de 4 patas: Tiana una hermosa perrita y Annie, Mateo y Giacomo -tres hermosos gatos- entre edades que no pasan de 8 años de edad y además que han sido adoptados y rescatados; los cuales gracias a Dios se quedan con su padre-tutor -Román-, quien jamás los abandonará y estará con ellos dándoles más amor ante la ausencia de Zoila.
Finalmente, Zoila, gracias por haber existido, gracias por tu fe, por tu solidaridad, por ser como eras, nunca te olvidaremos, sabemos que solo es un hasta pronto, pues todos pasaremos por esa etapa, mientras tanto es nuestro deber cuidar de nuestras vidas ante esta pandemia y de nuestras mascotas que son nuestra alegría de vivir y merecen amor y salud. ¡Un beso al cielo, Zoila!

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