El Congreso actual está infectado por el virus populista que ha contagiado a por lo menos algunos miembros de casi todas las bancadas. Una comisión acaba de aprobar un proyecto –con el solitario voto en contra del representante de Fuerza Popular- para crear una aerolínea de bandera, es decir del Estado peruano.

Ese mismo Estado precario que, con la pésima de gestión de Martín Vizcarra y Francisco Sagasti, ha sido incapaz de usar los enormes recursos de los que disponía, gracias a los impuestos que pagamos los ciudadanos y las empresas, para enfrentar la pandemia del coronavirus.

El virus populista ya se había esparcido en el país el 2019, como advertí muchas veces en esta columna, cuando Martín Vizcarra, temeroso de las investigaciones sobre su deshonesto comportamiento en Moquegua, disolvió ilegalmente el Congreso anterior, con el apoyo enceguecido e irresponsable de la coalición que lo respaldaba, incluidos el Partido Morado y los congresistas que hoy lo integran.

El Parlamento anterior tenía muchos defectos y cometió errores. Varios de los dirigentes de la que fue la mayoría en ese entonces los han reconocido. Pero no era un Congreso desbocadamente populista como el actual, que está causando un severo daño a la economía del país.

Los responsables, no hay que olvidarlo entonces, son Vizcarra y la coalición que entusiastamente lo respaldaba, que incluía a varios de los candidatos y grupos políticos que hoy intentan perpetuarse en el Gobierno. Y medios de comunicación que ahora lagrimean por los desatinos del Congreso, sin reconocer –por supuesto- que ellos contribuyeron a este desenlace, porque se dejaron llevar por el odio y la pasión, como siguen haciéndolo ahora.

Una muestra más del avance de la pandemia populista es que Acción Popular, el partido fundado por Fernando Belaunde, lleva hoy como candidato a la presidencia a un individuo que es el típico populista izquierdista y que propone, para empezar, cambiar la Constitución, al igual que la extrema izquierda chavista, como ha hecho notar Mario Ghibellini. (“El Comercio”, 6/8/21).
No hay duda, entonces, que el virus populista ha infectado a varios grupos políticos y si alguno de ellos se hace del Gobierno en las elecciones de este año, probablemente profundizará a extremos descontrolados los males que ya venimos padeciendo con Vizcarra y Sagasti.

Las descaradas propuestas de Verónika Mendoza para repetir la hiperinflación que azotó al Perú a fines de la década de 1980 y que fue frenada de la única manera posible, con un duro shock en agosto de 1990, muestran que los populistas izquierdistas no han aprendido nada –lo cual no es novedad-, sino peor aún, que se atreven a decirlo en voz alta creyendo tener un público que aceptará esas necedades.

Si no queremos ser arrasados por la pandemia populista, tenemos que tender un cerco epidemiológico sobre esos grupos y vencer al virus en las próximas elecciones.