Las elecciones presidenciales están cada día más cerca y todavía muchos peruanos no han decidido su voto. Para algunos, no existen candidatos ni programas que llenen sus expectativas, mientras que otros solo ejercerán su derecho constitucional para evitar la temida multa. A este negativo panorama hay que añadirle la creciente desconfianza en los partidos políticos y su capacidad de representar efectivamente las necesidades y anhelos de la población. Sin embargo, la complejidad del electorado nacional no se limita a las singularidades antes mencionadas por su servidor. Se trata de un amplio y profundo tema que este artículo buscará explicar.

En las últimas investigaciones que se han realizado sobre el particular, se ha podido apreciar que a la hora de escoger un presidente o congresista, los votantes no solo se fijan en sus logros profesionales o programa político, sino también en la empatía que manifiesta con respecto a las carencias (materiales y psicológicas) de estos. Para ellos, un abrazo “afectuoso” y “desinteresado” vale tanto como un “pergamino” obtenido en Harvard o Yale. De esta manera se crea un lazo por medio del cual ambas partes salen beneficiadas. No obstante, la “alianza” también esta cimentada en los favores (ofertas de trabajo, obras, regalos, dinero) que el aspirante pueda ofrecer a sus seguidores. Dicha política sigue siendo muy común en el país, a pesar de las medidas tomadas en su contra. Incluso, varios entrevistados se mostraron de acuerdo en aceptar pagos para cambiar su preferencia en los comicios. Este hecho nos demuestra la escasa acogida que tiene el Estado entre sus ciudadanos y lo poco involucrados que se sienten estos con el destino del Perú. Vale la pena señalar que a mayor carencia económica existe un mayor desapego político. Esta actitud es comprensible, ya que los sectores más pobres son los más decepcionados con los pocos beneficios que han recibido del gobierno y dedican la mayor parte de su tiempo a la sobrevivencia cotidiana.
Temas de interés para el electorado y los jóvenes

Nuestra nación vive en la actualidad un momento de crisis producto de la pandemia que asola a la humanidad. Sin embargo, este no es el único asunto que inquieta a la bicentenaria república. La delincuencia, corrupción y el desempleo ocupan lugares importantes. Todo el país desea que se tomen acciones efectivas contra estos males. El Estado aparece débil e impotente ante su pueblo, es por eso que muchos adolescentes y jóvenes no se sienten atraídos hacia las agrupaciones políticas y sus mensajes, ya que las consideran como entes poco serios y corruptos que han engañado incontables veces a sus compatriotas, trayendo miseria y vergüenza por doquier. Esto no significa que la juventud haya descartado participar en las decisiones del país, simplemente ahora votan por candidaturas más que partidos. Por otra parte, es necesario resaltar la importancia de los medios de comunicación (prensa, radio, televisión e Internet) y la familia (directa e indirecta) a la hora de formar opiniones con respecto a uno u otro postulante. Sin lugar a dudas, estamos ante un peculiar electorado para quienes compiten por el “sillón de Pizarro”. Esperemos que alguno de ellos logre convertir sus palabras en hechos concretos.

Por: José Cernicharo