Las elecciones de abril 2021 pueden acabar consolidando la ley de la selva en el Perú. Aparte de un universo de candidatos a palacio (existe un 95% de presidenciables que amenazan presentarse en abril 2021, que nadie con dos dedos de frente podría validar como postulantes a presidentes de una República), ocurre que en paralelo esta nación elegirá a 130 congresistas que conducirán la llamada “representación nacional”. Pero hagamos memoria. Desde hace mucho tiempo los parlamentos que viene eligiendo el “glorioso pueblo peruano” han conformado meras colmenas populacheras. Auténticas panacas sensacionalistas dedicadas a consolidar el poder de caciques regionales que financian a grupos de gente incapaz, para que aparezcan como postores al Legislativo bajo una etiqueta registrada ante el Jurado de Elecciones. Vale decir, gente inepta habilitada para postular como padre de la patria, integrando bancadas de algún partido político que aspira a colocarse en el epicentro del poder para obtener, al final del día, beneficios de toda naturaleza. Porque, amigo lector, pocos candidatos a la presidencia de la República y/o al Congreso dan puntada sin hilo. Muchos aspirantes a presidente y/o legislador no son ni Juana de Arco, ni menos. ¡Van a lo suyo! Sueldo, figuración, poder, saciar los réditos que les demanda el propietario del partido que lEs permitió su cuarto de hora de éxtasis, etc.
En tales circunstancias, obligatoriamente aquel candidato a la presidencia del país que obtenga la mayor votación en 2021 tendrá que cogobernar con un Legislativo que, es probable, no respalde los mismos objetivos del Ejecutivo. El hecho es que salvo –en el mejor de los casos- algún par de postulantes a la presidencia del Perú, el resto está incapacitado para hacer Política con Mayúscula. ¡Es decir, cohabitar con el Congreso! Basta ver lo ocurrido en lo que va del siglo. Toledo estuvo a horas de ser vacado; se salvó por entregarle el canal4 a El Comercio y La República. Humala fue el único con una bancada cómoda, permitiéndole convalidar su desastrosa gestión. Kuczynski es el paradigma de la incompetencia para hacer Política con Mayúscula. Él y Keiko Fujimori acumularon 74% de la mayoría parlamentaria, representando ambos idéntico credo: la derecha. Obviamente acabó por los palos. Vizcarra fue tan vil que imitó a Montesinos, mejorando la táctica sujetándola al pago de IGV. Compró la prensa venal y obtuvo tranquilidad para gobernar sin control. Afortunadamente el congresista Merino nos salvó de mantener en la presidencia a ese traidor, corrompido, taimado, que destruyó el país. Hoy Sagasti –en palacio por arte de magia- aprovecha su tránsito por la presidencia del país, siendo representante del partido por el cual postulará en cuatro meses a la vicepresidencia de la República. ¿Es posible, amable lector? ¡El Perú está de cabeza! Con un TC politizado y un jurado electoral dominado por ese poder fáctico que manda sin autoridad constitucional.
Es el espejo de lo que posiblemente le suceda al presidente ganador de los comicios 2021. Salvo que sea uno de los dos postulantes con suficiente talante como para lidiar con otro Congreso morralla.