La coyuntura electoral se torna cada día más viciosa. El Jurado de Elecciones viene excluyendo, selectivamente, a los partidos y candidatos que no tienen antecedentes por corrupción -pero no simpatizan con Vizcarra y/o Sagasti- mientras permite que investigados por corruptos, como el propio Vizcarra, sigan en la contienda. Basta este ejemplo para descalificar a la autoridad electoral, que pretende así supervisar uno de los procesos más complejos. ¡Aunque, sobre todo, más decisivos para el futuro de la patria! Estamos en manos de una administración electoral prejuiciosa y sobre todo politizada, ad portas de unos comicios que pueden arrastrar al Perú a escenarios autocráticos. Sin embargo, la prensa canalla -la vendida al poder, también llamada “la gran prensa”- no solo calla en siete idiomas, sino que da por válidas diversas disposiciones del Jurado que están dirigidas a consolidarle el triunfo a la progresía marxista que, desde 2016, nos gobierna tras bambalinas. El poder detrás del trono -vale decir, encima de autoridades del Jurado como su presidente, Jorge Luis Salas- se llama Fernando Tuesta Soldevilla. Un típico todoterreno caviar que, tiempo atrás, se viese envuelto en un escándalo que lo obligó a renunciar a cargo de presidente de la ONPE, por haber contratado a su pareja como funcionaria de aquella entidad. Sin embargo, protegido por la red de oenegés de la cual forma parte y la prensa canalla que depende de ella -entes que ahora mandan en este país- Tuesta reapareció indemne, pese a que por hechos mucho menores personas que no pertenecen al clan progre-marxista han acabado en la cárcel.

No es posible, amable lector, que esta gente haya copado las instituciones del Estado -en este caso el estratégico Jurado Nacional de Elecciones- a base de rodear y manipular al aparato estatal, mediante un escuadrón de oenegés financiadas internacionalmente que controlan a la gran prensa y, a partir de aquello, al gobierno y al Estado en general. La coyuntura institucional del Perú ha colapsado por culpa de semejante invasión de entidades no gubernamentales -jamás electas por la ciudadanía- que suplantan en sus funciones a la administración pública, designada por el Ejecutivo electo por la sociedad.

Los efectos de semejante manipulación del aparato estatal por órganos como los que mencionamos van a ser desastrosos para el futuro del país. Y sus consecuencias harán que el Perú se torne todavía más ingobernable, que este gigantesco descontrol que hoy estamos padeciendo. Porque el JNE viene moviendo fichas que favorecerán a ciertos candidatos tan improvisados como han sido los mandatarios que han gestionado esta nación desde 2001, con los catastróficos resultados que hoy comprobamos. Entre tanto el JNE deshabilita a postores con trayectoria y solera política que podrían tener éxito en los próximos comicios, y consecuentemente llevar al Perú a mejores escenarios que el infierno que nos ofrece la progresía marxista, especializada en generar el caos con sus experimentos. ¿Su meta? Bajo la excusa del desorden y la miseria, inmediatamente consolidar una dictadura de la cual no saldríamos en décadas. Salvo, gracias a que nos ampare la Divina Providencia.