En menos de dos semanas tendremos en el Perú y en el extranjero las elecciones destinadas a definir quiénes serán las autoridades que se harán cargo de los poderes Ejecutivo y Legislativo en el nivel de gobierno nacional, así como nos representarán en el Parlamento Andino, en el próximo quinquenio.

Se trata de un proceso electoral afectado por diversas circunstancias. Una primera tiene que ver, parece imposible decirlo a estas alturas, con la propia realidad de su celebración.

Sin duda la devastadora epidemia y el resultado de la tardía y deficiente respuesta del gobierno del vacado M. Vizcarra y su continuación morada, tienen como efecto no solo las lamentables muertes de más de cien mil peruanos (de toda edad y condición) y el padecimiento y zozobra de millones más, sino que crean las condiciones para un gran ausentismo, no solo de electores sino de miembros de mesa y, lo que es tanto o más grave aún, de personeros de los partidos en contienda.

En los cinco meses de gestión próximos a cumplir por el congresista Sagasti (encargado del despacho y función presidencial y no presidente de la República como se atribuye), ni siquiera ha logrado las prometidas vacunas para los 520 mil miembros de mesa electoral, para quienes el incentivo de 120 soles por jornada o la amenaza de multa de 220 soles en caso de omisión en modo alguno resultan efectivos para lograr que asistan.

Más aún, las autoridades electorales acaban de exonerar de multa a los electores mayores de 65 años o menores con morbilidad. Más allá de la buena intención de la medida, es evidente que en los hechos ella supone una invitación a no asistir.

Si a todo lo señalado se agrega la profusión de candidaturas presidenciales, dieciocho, y una veintena de listas congresales y parlamentario-andinas, qué duda cabe que más allá de la oportuna valla electoral, es posible anticipar en el mejor de los casos no solo una segunda vuelta presidencial, sino una marcada fragmentación congresal. Cabe sumar a ello, las consecuencias de la malhadada no reelección parlamentaria que fue impulsada maliciosamente por el vacado Vizcarra y su prensa adicta: al menos un semestre de labor congresal estará marcado por los problemas derivados del hecho de que la casi totalidad de congresistas recién se familiarizará con la labor a desarrollar.

El colmo sería que a esta delicada situación se añada lo que ya ha sido alertado, que se impida con argucias tipo humalista-ppkausa el voto de policías y militares en actividad.
¡Estemos alertas!