El Perú nuevamente está en la situación de Estado fallido; y si no hay un giro de timón urgente puede incurrir en la categoría atroz de Estado inviable.
Las razones son evidentes: los dos gobiernos recientes, de Vizcarra y Sagasti (con sus respectivos Parlamentos) han sido incapaces de afrontar con elemental eficiencia la pandemia. Las cifras más confiables de hace un mes indicaban que ya habían muerto más de 134 mil peruanos por inasistencia médica; y solo en marzo el promedio de fallecidos por día supera los mil. La vacuna es apenas un sueño porque nada garantiza que se la disponga masivamente antes de julio o septiembre.

La economía, entre tanto, está no solo recesada, sino quebrada. El falaz “milagro peruano” hoy es una pesadilla porque para recuperar la bonanza relativa de 2011 se necesitaría de unos 25 años con un crecimiento de 6% anual. Mientras tanto, la deuda externa representa casi el 40% del PBI, el narcotráfico inyecta alrededor de 24 mil millones de dólares anuales al sistema nacional, la corrupción pasa, conservadoramente, una factura de 18 mil millones por año, hay alrededor de 200 conflictos sociales desbocados en todo el territorio y la informalidad económica ya está en un 80%.

Sin incurrir en melodramas podemos afirmar que la patria está peor que en el periodo de post guerra con Chile.
En esta situación dramática estamos, las elecciones generales son totalmente anómalas: las campañas han sido muy breves, con poca comunicación directa entre candidatos y electores debido a la pandemia, apostando por el énfasis en las redes digitales que apenas transitan un 3% de la población; y con una gran prensa asociada con encuestadoras sumidas en la peor crisis de credibilidad desde el velascato.

La polarización es extrema y cada vez más inducida por los grupos de poder entre un rudo gerente católico con trayectoria hiper eficiente (López Aliaga), un príncipe de reconocimiento mundial y ego descomunal (De Soto), un charlatán populista (Lescano), un lideresa centrista con demasiado antivoto (Fujimori) y una comunista radical (Mendoza). Los demás candidatos solo cuentan para un Congreso hiperfragmentado en el que será vital buscar acuerdos multipartidarios para garantizar un mínimo de gobernabilidad.¿Elegirán los 24 millones de votantes un salto al vacío y la quiebra final del Estado; o apostarán por una reconstrucción dolorosa pero esperanzadora? Este domingo veremos de qué fibra están hechos los peruanos.