La pandemia del Covid-19 sigue pendiente arriba y, a diferencia de los datos oficiales, son distintos los especialistas que nos muestran con data dura que la cantidad estimada de personas fallecidas entre abril y julio es de 45,509 personas, como afirman analistas de Efectividat Consultores, basándose en el Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef), en los registros de la Sala Covid y el parámetro de aproximación PROXY, con mayor incidencia en varones que en mujeres, cifra que aumenta mes a mes.

Es por eso que el presidente Martín Vizcarra ha decretado nuevamente una cuarentena, focalizada y la prohibición de salida los domingos, así como las reuniones familiares. Sin embargo, son miopes las soluciones que ofrece el gobierno para la apertura de la economía, más cuando muchos son los restaurantes que ya habían invertido en adaptarse a la nueva situación y ahora tienen que retroceder nuevamente. Asimismo, aunque ya anunció fecha para las Elecciones Generales de abril de 2021, los organismos electorales, tampoco ofrecen señales, ni siquiera lejanas, de cómo se realizarían estos comicios.

Las elecciones generales, pensarán algunos, no es un tema que en estos momentos interese. Pensamos que se equivocan, porque el sistema democrático nos garantiza las libertades individuales y sociales que todo país necesita para caminar hacia el desarrollo y crecimiento cultural, social y económico, con base al respeto de la dignidad y los derechos de la persona, buscando el bien común para todos, pero especialmente para los más débiles y necesitados.

Este proceso electoral, sin duda, será sui géneris; porque las estrategias de comunicación política deberán adaptarse, como ya lo ha hecho el mundo del trabajo, a los entornos digitales. Asunto que no es de importancia menor. Pero lo es más aún, el hecho que tanto el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), como la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), deben adaptarse para asegurarnos a los ciudadanos, la debida transparencia y respeto a la voluntad popular en las elecciones.

Recomendable sería que se prestara atención a las elecciones generales del mes de noviembre en Estados Unidos, porque muchas novedades nos van a mostrar. Tanto en el uso de las herramientas mediáticas, como también en las formas que pudiéramos adoptar para cumplir con nuestro deber ciudadano de emitir el voto por los candidatos de nuestra preferencia y confianza.

Tal como se está comportando la pandemia, es muy difícil asegurar que en los 8 meses que restan para las elecciones, el panorama vaya a cambiar. Por tanto, es de suponer que los candidatos, no podrán tener contacto directo con los votantes; no podrán celebrar concentraciones ni organizar el popular y colorido miting de cierre. Las llamadas campañas de tierra estarán canceladas; muy pocas visitas se realizarían a los sets de radio y televisión. Y, si seguimos encerrados, los paneles y pintas, sólo serían apreciadas por los pocos ciudadanos que circulan por las calles.

La “fiesta electoral” como le llamamos al día de las elecciones y que obliga a asistir a las personas de 18 a 70 años a depositar su voto en un ánfora, se traduce en aglomeraciones de personas que forman extensas colas. ¿Cómo se va a asegurar en esta situación el distanciamiento social? ¿Cómo se va a cuidar a las personas de más de 60 años ese día? ¿Cómo se va a evitar el traslado las familias enteras que en grandes grupos salen a votar?

Es necesario y urgente ensayar distintos escenarios. Mejor prevenir que curar y mucho mejor, si esta situación anómala por la pandemia no se convierte en pretexto para alargar mandatos gubernamentales, porque todo puede suceder.

Profesora CENTRUM g.b.s.