En 2016 los Humala, con la disposición de inmovilidad a la policía, influyeron en la victoria de Kuczynski en la segunda vuelta, quien sólo aventajó a K. Fujimori por alrededor de 40 mil votos. Para todo efecto práctico entregaron la victoria a la opción más afín a ellos y a sus aliados brasileños y del “Club de la Construcción”. La maniobra empleada sobre la policía es sólo una pequeña muestra de lo que puede hacerse desde el poder; herramientas para fines similares existen decenas. Humala tenía a la prensa mayoritaria en una posición no tan dócil como la tiene Vizcarra, tenía una oposición más fuerte que la que tiene Vizcarra. No se atrevió a cerrar un parlamento, fue menos temerario. Ante la posibilidad abierta que tiene el actual inquilino de palacio de acomodar las cosas a su favor dudo mucho que las elecciones generales de abril sean totalmente limpias.
Las motivaciones del moqueguano para manipular el proceso electoral o favorecer con recursos del Estado a algún candidato -que prosiga con el esquema de favorecimiento a la “constructocracia” y aliados- pueden entenderse en clave de impunidad. Necesita que el nuevo Ejecutivo y parte de los grupos parlamentarios electos en abril lo blinden el mayor tiempo posible frente a sus pendientes con la justicia. Hoy por hoy Vizcarra ya no piensa en la pandemia o en la economía popular, su atención está centrada exclusivamente en organizar una salida que le permita no ir preso más adelante.
Recordemos que si bien el caso Swing es el más sonado y el que más eco ha tenido en la prensa, lo cierto es que a Vizcarra aún lo esperan las investigaciones que quedaron suspendidas cuando asumió la presidencia, irregularidades que datan de su época como gobernador regional de Moquegua, casi 50 denuncias. Además, está todo el asunto de la trama Chinchero, el tema del Hospital de Moquegua (a través de Edmer Trujillo) y todo lo que se destape de aquí hasta el 28 de julio de 2021. En cierto sentido se enfrenta a un callejón sin salida, ya que así funcione el enroque con algún aspirante, nada garantiza que el nuevo presidente sea leal con él. Imagino que se mira en el espejo de Rafael Correa, quien apoyó a Lenin Moreno en Ecuador, siendo abandonado al poco tiempo por este último.
Por más “funcional” que pueda ser o siga siendo la fiscal Zoraida Ávalos -quien decidió no investigarlo- a Vizcarra, el cerco se está achicando alrededor del presidente interino. Esto lo puede llevar a cometer actos cada vez más desesperados y reafirmar nuestra teoría de la poca probabilidad de elecciones libres. La búsqueda desesperada por impunidad puede ser también un gatillador de errores, que en otro contexto podrían significar la posibilidad de una nueva discusión en torno a una nueva moción de vacancia; sin embargo, como ya lo escribimos en este mismo diario, este Congreso es un zombi, que se autodisolvió, incapaz de un acto de importancia o de un gran arresto de dignidad.
Desde la sociedad civil debemos alertar de esta búsqueda persistente de impunidad y sobre todo poner la lupa sobre el proceso electoral que se avecina. Votar contra los candidatos de la continuidad y desenmascararlo es una prioridad.