¡Y ya empezamos!, en las últimas horas vemos desfilar a toda clase de personajes, unos más variopintos que otros, que aspiran (aunque lo nieguen) a ser candidatos presidenciales en la Elecciones Generales 2021, teniendo que cumplir con la formalidad de inscribirse en un partido político hasta el treinta de este mes, si quieren ser tenidos por aptos para dicha postulación; todo esto en razón de la reciente Reforma Electoral que elimina la figura para estos casos, de los “invitados” para dejar únicamente la de “afiliados” a una organización, a efectos del fortalecimiento de los Partidos, a que asuman un grado de responsabilidad por su oferta electoral y por consiguiente (al menos en teoría) cerrarle el paso a candidaturas aventureras, personajillos que “se la encuentran”, a los cuales se les ofrece, a falta de cuadros (o de alguien de mayor ascendencia ante la opinión pública), ser postulados para la presidencia de la República, quienes aceptan al no tener nada que perder o mejorar sus hojas de vida.

Este desfile de “personajes” nos deja desazón y es que aún cuando la Constitución no establezca mayor rigor en los requisitos para aspirar al cargo de Presidente y vicepresidentes, salvo el ser peruano de nacimiento, entre otros; no basta ser un profesional o político de éxito, sino la ideología política que abraza el partido que lo lanza y del cual es ya militante, ¿cuáles son los principios y valores que lo distinguen de otras tiendas?, ¿cómo conciben a la sociedad y a su economía? Importa tener “predictibilidad” de su ideario.

Lamentablemente los peruanos no hemos aprendido la lección, los últimos lustros de nuestra historia republicana están opacados por escándalos de corrupción de presidentes y sus organizaciones políticas, muchas de ellas surgidas a la carrera de una contienda electoral o del reclutamiento de firmas sin mayor vida organizacional o de base, llevados de las narices en algunos casos, por un dizque “caudillo” que se valieron de “vientres de alquiler” o actuaron como “Caballos de Troya” para acceder a la presidencia de la República.

Y pareciera que repetiremos la historia, con apariencia de Reforma, ya que varios de estos “personajes” vienen postulando a cargos de elección popular en más de una tienda, éstos matan por “estar en la foto” de los presidenciables y todo (hay que decirlo) con un pequeño o gran empujón de los medios de comunicación que “endiosan” o “crean falsos “ídolos”, dándoles “insufribles” coberturas a sus poses y actividades, perdiéndose en lo anecdótico más que en los temas de fondo: ideas, propuestas, debates.

Supuestamente una Reforma Política debió cerrarle el paso al “Marketing” de la persona en sí, del candidato, para darle pase al conocimiento e información del ideario político del partido que lo postula, sencillamente porque está en juego los destinos de toda una nación, paradójicamente en el aniversario del Bicentenario de su Independencia.

¡DIOS nos ayude!