Entramos a la primera semana posterior al último acto político altamente mediático, ya es hora de empezar a concentrarnos en cómo caminar de manera más acertada en un contexto donde hacer empresa demandará tener un “rostro social”. Creo que es fundamental que podamos entender en la práctica qué implica tener rostro social, no sólo porque será la característica más relevante de nuestro contexto país los próximos cinco años, sino porque es el camino a seguir para reducir la estigmatización que se ha generado alrededor de la imagen del empresario como una persona mala y abusiva que sólo busca ganar más dinero a toda costa.
De manera tradicional, el fin de un empresario, a nivel de principios cívicos, descansa en dos objetivos: tributar correctamente (a favor del Estado) y generar empleo (a favor de la sociedad). Estos principios son los que han definido a un empresario responsable en las últimas décadas; sin embargo hoy vemos la necesidad de generar mayores vínculos con los grupos de interés que lo rodean, tanto internos como externos: trabajadores, proveedores, entidades reguladoras, clientes, población en general y el mismo estado. Es implícito que tengamos políticas claras y proactivas en cada uno de nuestros emprendimientos que generen valor a cada grupo de interés, más allá de las obligaciones propias de tributar y pagar correctamente a nuestros trabajadores; el tener planes de desarrollo humano para los colaboradores, actividades esporádicas que involucren a sus familias, algo tan simple como saludarlo por sus cumpleaños (aunque no lo crean, muchas compañías no tienen una política tan básica como esta), son medidas que impactan positivamente en la empresa. Un ejemplo de acción en beneficio de la sociedad y el Estado sería por ejemplo, sin NINGÚN fin económico, generar campañas de concientización sobre distancia social, vacunación y medidas de salubridad para reducir las posibilidades de contagio; no sólo cumplir con la impuesto para funcionar, sino que a conciencia tomar iniciativa con la intención real de contribuir a la sociedad. Vemos que en general, el tener rostro social radica en tomar acciones que el objetivo de ellas NO sea lograr una retribución económica, sino contribuir con la sociedad en general, esto es lo que debe acompañarnos en adelante en cualquier decisión empresarial que tomemos, ya sea en negocios en marcha o en proyectos que vayamos a ejecutar.
Lo que hoy enfrentamos como país tiene un origen, si bien hay mucha carga de intereses políticos, debemos ser conscientes de cómo hemos contribuido desde nuestro lado en esta polarización tan dañina para todos. Está en nosotros lograr este cambio, la reivindicación del empresario debe lograrse con hechos tangibles, y eso es darle rostro social. Buena semana para todos.

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