La prensa oficialista que durante los últimos años se dedicó a destruir a Keiko Fujimori, portada tras portada maliciosa y difamatoria, que envenenó a los ciudadanos en su contra, legitimando cada palabra y respiro de los fiscales anticorrupción, hoy está pagando su politización y falta de objetividad. Quizás ni La República se salve o tal vez ni respeten las promesas que hipotéticamente podrían haberle hecho a Clara Elvira Ospina para dirigir un confiscado El Comercio, en compensación por los servicios prestados. Los medios están muy nerviosos y con razón, se estarían jugando los descuentos si las amenazas de Perú Libre se hacen realidad. Están pagando la inmensa factura de haber envenenado a la opinión pública, de haber satanizado al fujimorismo, que hoy es su única esperanza para seguir trabajando en libertad; posiblemente retomarían sus malos hábitos de parcialidad y desinformación, pero en libertad. Como decía Albert Camus: “La prensa libre puede ser buena o mala, pero es seguro que, sin libertad, solo será mala”.
Demasiados periodistas olvidaron que los medios tienen la responsabilidad de ser los guardianes de la democracia y denunciar los excesos del poder. Han reaccionado demasiado tarde. ¿Realmente creen que un Castillo que rehúye entrevistas y se indigna y menciona que se trata de un refrito cuando le tocan temas delicados como su vinculación con el terrorismo, los dejará con vida? El gobierno de Perú Libre no quiere ningún control; ya amenazó al TC, a la Defensoría, pero seguramente los medios serán los primeros en caer. Solitos han cavado su tumba, no pueden salir ilesos cada vez que venden su alma al diablo.
Todos los dictadores empezaron como demagogos, la tiranía es la injusticia apoyada en la violencia. A Castillo le estarían dando un derecho irrevocable, no lo tiene que pedir, su discurso -que luego de un buen jalón de orejas de Cerrón se ha radicalizado- habla por sí mismo. ¿Qué país que adhiere el maoísmo tiene alternancia en el poder y respeta los derechos fundamentales? No se van a ir nunca. Hablan del antes y después del 11 de abril. En nuestra cara nos están diciendo que van a destruir todas las instituciones del país, que va a ahuyentar a la inversión privada, que nos retrocederán décadas. Doscientos años de turbulencia republicana para terminar abrazando el Comunismo en búsqueda de la miseria perdida.
Tengo la esperanza que los odiadores del voto blanco y nulo, lo hagan por supuesta corrección política o por simple y absurda vergüenza pero que cuando el 6 de junio tengan que tomar la decisión, recuerden que ellos serán los grandes responsables de la debacle del Perú ocasionada por la furia revanchista de la Izquierda. Les recuerdo que no están haciendo patria, que no es un acto de coraje sino de inconciencia: le están entregando el poder a Cerrón y a sus geishas de Junín que ya se compraron la banda ministerial.
No derramaré una sola lágrima cuando a estos angelitos les congelen sus ahorros con un Corralito a la Argentina o cuando los repriman en las manifestaciones, pues lejos quedará la época de gloria en que los medios oficialistas se deshacían en elogios. No habrá héroes sino enemigos del régimen. Así de dura será la realidad que nos espera. ¡Reflexionen!

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