El desmontaje de Antígona se trata de la exposición dramatizada de los mecanismos del cuerpo y de la literatura que intervienen en el proceso de creación de la obra teatral Antígona, y de su reescritura a partir de la abdicación a la literalidad del texto original como condición para lograr la fidelidad contemporánea de los espíritus de Sófocles y sus personajes. Así nos lo hacen saber, zizekianamente, Teresa Ralli, Miguel Rubio, y a través de ellos también el poeta José Watanabe que redivive en el fuego de una vela y más, en el arte.

Slavoj Žižek encuentra en Antígona el sentido actual de la política, de la ley como imperativo y de la disidencia como derecho. Hablan los personajes: Creonte, rey de Tebas, sentencia: “El cadáver de Polidices quedará insepulto”; Antígona, joven hermana del condenado, se rebela: “Oh rey… tirano… Nadie conoce el verdadero corazón de un hombre hasta no verle en el poder”. Para Žižek, la Antígona posmoderna rechaza el camino griego de la eunomia o de la obediencia y, por el contrario, se sacrifica pues escoge el de la disnomia o de la desobediencia y da sepultura a Polinices. La normalidad tebana del sepelio, por disposición del biopoder, es asumida como la imprudencia que causa la tragedia. Teresa Ralli encuentra en Antígona a las mujeres cuyos hombres fueron desaparecidos por la violencia interna del tiempo de Sendero Luminoso, pero yo también encuentro que el insepulto Polinices de este tiempo de dictadura médica ha muerto de coronavirus.

Esta obra unipersonal es una cátedra de teatro. Su reparto es parte de lo mejor de la dramaturgia nacional: el director es Miguel Rubio, el re escritor poético es José Watanabe, y la actriz es Teresa Ralli. Antígona es un clásico del Grupo Cultural Yuyachkani, y El desmontaje de Antígona está realizando el viaje pandémico de la Casona de Magdalena del Mar a su transmisión por las plataformas digitales del Gran Teatro Nacional y de Cultura 24.tv

JUAN ANTONIO BAZÁN