Han pasado más de veinte años cuando miles de jóvenes marchamos rumbo a la Plaza San Martín por la avenida Nicolás de Piérola, por el otrora Banco de la Nación, frente a las oficinas del Jurado Nacional de Elecciones, más de veinte años de aquel fatídico día cuando Vladimiro Montesinos dinamitó las estructuras del edificio ubicado en el corazón de Lima pretendiendo culpar a los manifestantes, en su mayoría jóvenes idealistas que luchábamos por recuperar la democracia, protestando activamente contra el gobierno cleptocrático de Alberto Fujimori, más de veinte años de cuando imaginamos haber tocado fondo como país.

Desgraciadamente no fue así. La política en el Perú devino en un pantano de miserables y traidores a quienes no les importó transar con la salud y la seguridad en el momento más grave de nuestra vida republicana. Sin embargo, allí, en ese lugar donde murieron inocentes, en aquella esquina de Lampa con Nicolás de Piérola, se levantó el Parque de la Democracia, un espacio para no olvidar jamás lo que fueron los años del fujimorismo, un parque frente a lo que debería ser el tribunal que garantice las elecciones, un parque para los millones de migrantes que tienen en la estación Colmena del Metropolitano, ese punto de partida, o de retorno, a nuestras más íntimas raíces. Por eso, ayer sábado, participé emocionado de la inauguración de la Feria Itinerante del Libro organizada por el programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima en alianza estratégica con el Fondo de Cultura de México.

En el acto participaron Víctor Hugo Morales, Embajador de México, Gustavo Rodríguez, director del Fondo de Cultura Económica, Alex Alejandro, director de Desarrollo de Políticas Públicas de la Biblioteca Nacional del Perú, Florentino Díaz, presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Municipalidad de Lima, Christopher Zecevich, gerente de Educación, Cultura y Deportes y Celeste Asurza, jefa del programa Lima Lee. Pienso que cuando se inaugura una feria de libros es un momento celebratorio porque con los libros no solo apelamos a la persistencia de nuestras autoridades y gestores por la democratización de la cultura, sino que estamos frente a una apuesta efectiva por la afirmación de nuestra memoria histórica. La Feria va hasta el nueve de abril, sin duda qué mejor espacio que el Parque de la Democracia, para afirmar la promesa de la república.