Indignante que la permanencia de Vizcarra se haya celebrado con júbilo, casi como si fuera una clasificación al Mundial, a pesar de las pruebas evidentes de su incapacidad moral. La maquinaria propagandística del Gobierno, al mejor estilo orwelliano, funcionó. Las razones esgrimidas por los ciudadanos de toda condición son las mismas: un logro para la gobernabilidad y la estabilidad democrática, conceptos machacados por la prensa y la televisión sin respiro. Quizás la gran mayoría sea incapaz de definir sus alcances, pero como suenan bien, inteligentes, hay que repetirlos hasta la saciedad. Otros, aterrados, se creyeron el cuento que un cambio de gobierno crearía una crisis sin precedentes en el manejo de la pandemia, aun cuando somos el país con una de las peores gestiones del mundo. Estoy segura de que Manuel Merino hubiera conformado un gabinete con gente más preparada y con vocación de servicio. Desafortunadamente, su imagen venía muy deteriorada por presidir uno de los peores congresos de nuestra historia, acompañada de una indignante tergiversación de los hechos, encabezada por un fugaz ex PM Cateriano recorriendo sin desmayo los medios oficialistas, para hablar de golpe de Estado y complot. La devastadora mentira política que le hace daño a toda una sociedad.

Albert Einstein tenía una frase genial: “hay cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y sobre el universo no estoy seguro”. Flaubert advertía que el “estupidismo” estaba en el seguimiento ciego de la opinión popular y que es una de las características de la historia de nuestra civilización. Lamento la crudeza, pero este nefasto capítulo es responsabilidad de toda la ciudadanía, aquella que se deja engañar y se distrae de lo realmente importante. El tema no es Swing, ni el amiguismo o paupérrimo nivel de los asesores de Vizcarra, el problema es él, su evidente inmoralidad y la ligereza con que lo toma. Nada nuevo bajo el sol. Todos los sátrapas siempre se han encargado de cargar en las espaldas de otros su responsabilidad.

De qué independencia de poderes se puede hablar si el Congreso está conformado, en su mayoría, por cobardes que buscan su propia conveniencia. Con la venia de un debilitado MEF, dinero para sus regiones o priorización de sus PIP, coludidos con sus autoridades subnacionales. El triste espectáculo del viernes pasado dejó en evidencia que no hay votos gratuitos, que lo único cierto en la política peruana son el histrionismo y los arreglos debajo de la mesa: usan y abusan del país.

A más inri, nuestra la economía está seriamente herida. El MEF y algunos analistas venden una falsa prosperidad que no es más que una burbuja circunstancial por el dinero de los bonos y retiros de AFP y CTS. Más de 700,000 personas han perdido el empleo y su único refugio será la informalidad. ¿Por qué nos siguen mintiendo? Sunat no recaudará más en el 2021. La factura electrónica y reducir exoneraciones es más de lo mismo, se necesita de una agresiva campaña para ampliar la base imponible y combatir la evasión a todo nivel, pero no se atreven, prefieren que el próximo gobierno se las arregle.