En los años que me quedan por vivir

En los años que me quedan por vivir

Quiero vivir en paz, está es la respuesta de muchas personas que han llegado a la madurez de su existencia, después de haberse realizado como seres humanos, que sus metas se cumplieron, formaron una familia y ahora disfrutan lo que cosecharon; y acá nos referimos a todas las personas sin distinción de clase social, todos tienen derecho a vivir consigo mismo con tranquilidad e inclusive, los que están condicionados a alguna enfermedad terminal, en que la sensibilidad humana está expuesta a la comprensión y entendimiento del prójimo.

Es importante tener presente que la paz no aparece de la noche a la mañana, hay que construirla y alimentarla con buenas acciones que alimenten el espíritu, lo engrandezca, ubicándose en el lugar de otras personas.

En ocasiones, en los claustros universitarios, hemos debatido sobre la paz y el arrepentimiento, preguntándose algunos si puede existir paz per se, considero que sí, depende cómo se conduce la persona en el transcurrir de la vida, a través de los hechos que han realizado. La otra posición es si puede existir paz sin arrepentimiento, la respuesta es no. El arrepentimiento son acciones, comportamientos, actitudes, hacia uno mismo y los demás, que han causado daño moral, físico, psicológico, empero, las personas han reflexionado y reconocido que no han actuado bien y realizan un compromiso interior de no volver hacerlo por más tentaciones que pueda abordar la mente, adquiriendo en su interior tranquilidad, calma, sosiego, férrea voluntad de hacer las cosas bien.

Cuántas personas han transgredido la ley, han sido privados de su libertad, han perdido todo, relacionados con la mala vida, el juego, el alcohol, las drogas, las malas juntas, la deslealtad, el engaño, la mentira; sin embargo, han cambiado sus vidas, porque tomaron conciencia que sus actitudes no los conducía a buen destino, sino al abismo, que es muy difícil regresar. Lo han logrado por el arrepentimiento, obteniendo tranquilidad en sus vidas.

Creo que nunca es tarde para encontrar la paz, que todo ser humano ansía, busca y encuentra, inclusive cuando están en el lecho de la muerte, han reconocido sus errores y han dejado de existir tranquilamente, hablando lo que pudieron haber hecho y no lo hicieron y si lo hicieron, lo hicieron mal. Esa lucha interna que no los deja o dejaba por ese sentimiento de culpa, los hace libres y en paz.

Existe otra clase de seres humanos que no alcanzan la paz, ni se arrepienten de sus actos, todo lo contrario, no sienten ninguna clase de remordimiento, sino placer de hacer sufrir a las personas sin importarles nada; y cuando nos referimos a estas personas no son solo aquellas que se encuentran fuera de la ley, sino, se han integrado a una sociedad, familia, gente destacada en la política, en grandes puestos públicos y privados, no sienten, no les interesa el país, ni las personas, no obstante que han recibido buena instrucción, son buenos referentes aparentemente, empero, en el fondo de su alma, no sienten absolutamente nada, sino sus propios intereses; y están activamente dentro de la sociedad y en cualquier clase social.

A estas personas se les conoce como psicópatas integrados, fríos, calculadores, egoístas, hedonistas, no anidan en su corazón buenos sentimientos, sino maldad, no tienen capacidad de amar, ni reconocer que han actuado mal, ni se arrepienten de nada y nunca tienen paz y aparentan lo que no son; “hay que alejarnos de estos sujetos porque nunca cambian”.

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