El último simulacro de votación presidencial de Ipsos Perú nos deja varias conclusiones respecto a lo que serán estas últimas tres semanas de segunda vuelta electoral. Una batalla final que se dará en el Sur del país, y cuyo epicentro tendrá lugar en la ciudad de Arequipa, cuando ocurra el debate presidencial entre ambos candidatos -una semana antes del 6 de junio.
Una primera conclusión es que existe un empate técnico entre ambos candidatos (Castillo 43.6% y Fujimori 41.7% versus No Precisa 14.7%). El voto oculto que existiría entre los indecisos estaría dividido entre ambos casi por igual, razón por la cual estarán obligados a robarle votos al otro en estos últimos 21 días de campaña, si es que pretenden hacerse de la victoria final.
Castillo tendrá que definir —de una vez por todas— cuál será su discurso definitivo y equipo técnico final de gobierno, zanjando esas diferencias que hacen ruido alrededor de su candidatura y vulneran su potencial crecimiento, aunque afortunadamente para él sin que haya afectado ese voto duro que aún sostiene su respaldo.
Fujimori tendrá que radicalizar su discurso antisistema y golpear a los grupos de poder, concibiendo cambios estructurales a la Constitución que defendió, generando propuestas concretas de reactivación económica que conecten con sector D-E, donde tiene que robar votos que le permitan voltear el marcador que tiene aún en contra.
Una segunda conclusión es que, si bien Fujimori gana terreno rápida y aceleradamente en las regiones Lima y Norte, y recupera en algo Oriente, el Centro y Sur le siguen siendo adversas.
Una tercera conclusión es que, en los sectores socioeconómicos A, B y C, Fujimori logra incrementar su intención de voto, pero los sectores D y E siguen siendo espacios muy duros. Fujimori comienza a sacar una ligera ventaja también en el voto femenino, pero Castillo mantiene su liderazgo en el voto masculino. Mientras Fujimori aventaja a Castillo en entre los 18-25 años, Castillo continúa encima los 26 años a más.
Lo cierto es que estas tres semanas serán de vida o muerte para ambos candidatos. Una verdadera batalla campal. Una singular guerra de guerrillas, donde la informalidad política hará gala de sus mejores exponentes y fraseos para el recuerdo. El debate tecnocrático e ideológico dejará su lugar a una pugna entre barras bravas. Que no nos sorprenda. El espectáculo de la política dará paso a la política espectáculo.
El show político brillará desde ahora. No podría ser de otra manera en un país tan poco institucionalizado como el nuestro, con un 80% de economía informal, sin memoria política, sin educación que se respete, y sin élites empresariales ni políticas dignas de ser admiradas. Bienvenidos sean los tiempos de la política post covid.

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