Enfrenta tus temores y vive en paz

Enfrenta tus temores y vive en paz

Los temores existen por falta de amor, el rechazo, abandono, son sentimientos que marcan la vida, a veces quedan perennizados en la mente, están latentes, en otras circunstancias, se saben afrontar, desvinculándose del temor, dejando de pensar en posibles problemas, cosas catastróficas, por lo tanto, no hay que permitir que el temor paralice a las personas, siempre es bueno renovar nuestros pensamientos, conociendo el alcance del amor de Dios y del prójimo.

Es de suma importancia darse cuenta dónde concentro mis pensamientos, cómo percibimos el futuro, no permitir que el pasado, te haga ver el futuro incierto, porque el presente se nubla, ¿por qué?, es más fácil abrigar el temor que comenzar a confiar, y la confianza se genera a través de las actitudes que percibes de las personas, el valor que le otorgas a cada ser humano que se relaciona contigo, dice la verdad, no miente, ni te indispone, todo lo contrario, inocula motivación a través de la perseverancia y las grandes cosas que las personas pueden lograr.

Los temores se instalan desde que el ser humano se encuentra dentro de vientre materno, cómo vive la madre, es comprendida, amada, respetada, considerada, buena relación con su pareja y el entorno con el cual convive, todo se le transmite al nuevo ser, que se encuentra en proceso de gestación. Los resultados los observamos cuando nace y se va desarrollando en un ambiente positivo y no negativo. A un niño o niña, que se le asusta permanentemente, amenaza con golpearlo o se le golpea, se le priva de muchas cosas, sin explicarle por qué se ha tomado esa actitud, se va moldeando una personalidad temerosa, desconfiada y rebelde, presentando en la edad preescolar y escolar, falta de adaptación, al punto de no desear ir a la escuela, muchas veces perciben al maestro o maestra como un referente negativo, por la forma que se conducen, asociando el comportamiento de los padres con el menor. Inclusive muchos niños no desean ir al colegio, debido a que sus propios compañeros se burlan de ellos, sin lograr el maestro, tutor, psicólogo, corregir esta situación en conflicto, y en algunos casos el alumno o la alumna han sido cambiados de escuela.

Lo que he podido observar, en muchos psicólogos de escuela que se interesan por los alumnos, empero el problema va más allá, son los padres, que viven una dinámica disfuncional dentro de la familia y el niño no sabe qué hacer, sin embargo, el profesional de la salud por cuidar su puesto no involucra a la familia para resolver el problema, ni lo aborda para dar pautas para mejorar la relación del niño con la familia, escuela, compañeros de aula.

Esos niños, por lo general, van desarrollándose con un pensamiento perturbado, inseguros, desadaptados, desconfiados, rebeldes y sin paz interior, no perciben el amor de padres, maestros y compañeros. Esos niños se sienten vacíos, incomprendidos, solos, con muchos mecanismos de defensa, para supervivir emocionalmente. Encontramos, en estos niños, que son inteligentes, pero les falta orientación, están confundidos, por lo tanto, no rinden en los estudios, empero con una buena motivación salen adelante y llegan a ser buenos profesionales y padres de familia, hay que darles la oportunidad a estos pequeños gigantes que canalicen sus miedos y encuentren tranquilidad en sus espíritus, y obtener paz, para hacer las cosas bien y con mucho amor y compromiso. “Donde hay amor no hay miedo”. San Juan, Cap. 4, verso 18.

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