Columnista - Enrique Quiroga Carmona

EN CONTRA DEL ABORTO Y DE LA MUJER

Enrique Quiroga Carmona

28 ago. 2015 00:00 am
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La Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso decidió archivar la Iniciativa Legislativa Ciudadana para modificar el Código Penal, despenalizando el aborto en caso de violación. Hay cosas difíciles de aceptar en ese dictamen, como cuando señala que existe un “aparente conflicto” entre el derecho a la vida del concebido, y los derechos de la mujer, como el de la dignidad. Al relativizar el conflicto, parecería ignorar que este es un problema mundial, que en algunos casos, un país puede llegar a dividirse como ocurrió en los Estados Unidos, lo que terminó con la decisión de la Corte Suprema, estableciendo que la mujer tiene el derecho a la libre elección de llevar o no un embarazo a término; y esta opción es en cualquier circunstancia.

Transcribo textualmente uno de los argumentos principales de la fundamentación de ese dictamen, porque es un evidente galimatías, propio de quienes quieren decir “no”, y no encuentran cómo hacerlo. Dicha comisión señala que “….el Estado, antes de aprobar el aborto frente a esos casos como solución violatoria al derecho a la vida del concebido, debe responder por una alternativa, que optimice tanto los derechos de aquel y de la mujer, sin que ello represente vulneración de derecho alguno”.

Tratando de justificar su negativa, confunden las ideas, y usan un lenguaje muy poco serio y hasta contradictorio. No otra cosa es señalar que para aprobar el aborto en caso de violación sexual, o de inseminación artificial o transferencia de óvulos no consentida, previamente el Estado tendría que acogerse a una fórmula científica o quimérica -que ciertamente no existen-en que el posible aborto –que no sería tal- pudiera producirse sin vulneración de ningún derecho, ni de la mujer, ni del que está concebido. Este es un supuesto que se aproxima cuando menos en nuestra época a una ilusión, y no es aceptable, que en mérito de este espejismo, y en un país que es el tercero en número de violaciones en el mundo, nuestras mujeres sigan sufriendo por la falta de pragmatismo de nuestros legisladores.

Si a la violación sexual -debido en mucho a la desprotección social-, que es una de las más graves aflicciones y tristezas que puede sufrir una mujer, se le añade la obligación de proteger al fruto de esa violación, la sociedad la estaría obligando a sufrir un doble castigo, que podría llegar a ser insoportable. No solo porque este hijo sería un recuerdo permanente de su desgracia, sino que además el violador podría ser un sujeto con enfermedades hereditarias graves, que de transmitirse aumentaría el dolor y la desgracia de esta mujer.


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