Columnista - Enrique Quiroga Carmona

Keiko y el 5 de abril

Enrique Quiroga Carmona

1 abr. 2016 00:00 am
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La marcha del 5 de abril contra Keiko Fujimori organizada al parecer por varios colectivos opositores, toman esa fecha solo como un pretexto para tratar de evitar a como dé lugar, que dicha candidata sea Presidenta del Perú, porque hay mucho miedo por diversas razones, tanto de la extrema izquierda y sus adláteres, como del gobierno. Y es un pretexto burdo lo de la fecha, porque sucede que Keiko Fujimori cuando el Gobierno de su padre tomó la decisión de disolver el Congreso el 5 de abril de 1992, era una jovencita de colegio de solo 17 años, y como es lógico sin ningún cargo ni responsabilidad política. Entonces por qué el “No a Keiko” por este motivo. Simplemente porque están buscando una excusa significativa para ellos, para justificar esta demostración de aparente poder, con la que se pretende impresionar al electorado peruano, y porque para los sectores de la extrema izquierda, esa fecha tiene muy mal recuerdo.

La ultraizquierda, cuyos abogados defendían a los terroristas en los tribunales de justicia, rememoran esta fecha de forma muy especial, porque fue a partir de ese 5 de abril, que se produce un cambio profundo en la estrategia y en las acciones de lucha contra los movimientos terroristas que asolaban el país. Vale también recordar al respecto que antes de esa oportunidad, el Congreso de la República le negó sistemáticamente el pedido a Alberto Fujimori de que le otorguen facultades especiales para poder enfrentar esa lucha, que era desesperada. Y lo era, porque Sendero Luminoso ya estaba a las puertas de Lima, y con las peores intenciones, como se vio muy claramente cuando se produjo el atentado de Tarata en Miraflores, el 16 de julio de 1992.

Pero en lugar de facilitarle al presidente Fujimori las herramientas para esa lucha, el Congreso de la República, ante la sorpresa e indignación del país, promulgó la denominada “Ley de Control Parlamentario sobre los actos normativos del Presidente de la República” Ley N° 25397, que pretendió maniatarlo, no solo no concediéndole las facultades solicitadas, sino recortándole atribuciones fundamentales para gobernar.

Es decir la idea era que Fujimori fracasara aunque nos hundiéramos. Increíble pero cierto. Y eso originó el denominado autogolpe. Es bueno recordar que el 82 % de los peruanos -lo que fue internacionalmente reconocido- estuvo de acuerdo con esa decisión, porque era evidente el riesgo que corría el Perú incluso como nación. Aunque suene repetitivo decirlo, pero “un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores”, y eso frente a la coyuntura que estamos viviendo, parece oportuno hacerlo recordar. Estamos viendo el fracaso de los gobiernos socialistas no solo en el Perú sino en el mundo, que han llevado a sus pueblos a la peor de las pobrezas, retrocesos y riesgos, y sin embargo siguen habiendo personas seducidas por esas ideas. Pero finalmente marchas o no marchas, será el pueblo peruano el que tome la decisión.

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