Enrique Quiroga Carmona

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La huella del desastre

Acaba de producirse algo muy grave en el Perú, de imprevisibles consecuencias en el futuro de nuestro país, porque el Tribunal Constitucional –TC- que es el “órgano de control de la constitucionalidad”, ha interpretado la Constitución por una mayoría de cuatro votos a tres, -con predominio del grupo izquierdista-, del modo exactamente inverso a su texto. Solo así ha podido legitimar, una evidente violación constitucional del actual gobierno, que disolvió el Congreso, sin que se haya incurrido en las causas que la Constitución señala para ello en forma taxativa, valiéndose de una supuesta “negación fáctica” de un pedido, del que el premier hizo indebidamente cuestión de confianza en el hemiciclo del Congreso. Concepto que justificó el TC, no obstante no existir, esa forma de negación en la Constitución.

La cuestión de confianza, se puede presentar ante el Congreso, únicamente en los circunstancias expresamente previstas en nuestra Constitución, pero en ningún caso, en relación a un pedido, que nada tenía que ver con la política del gobierno, como ha sucedido en esa oportunidad, ya que el mismo se refería a un procedimiento interno del Congreso, relacionado al nombramiento de los magistrados del TC, en el que el Gobierno no tenía por qué inmiscuirse. La única razón de esta actuación en el Congreso, era el desesperado deseo de la izquierda castro-chavista peruana, de no perder el control del TC, y con ello, del plan que tenía como un aspecto clave, lograr validar en el TC, el cierre inconstitucional del Congreso.

El precedente es funesto, ya que en el futuro, con esta interpretación ideológica, el Congreso estaría en las manos del Presidente de la República y del Premier, y los congresistas tendrían que aceptar sumisamente, el poder del actual presidente para mandarlos a su casa, sino acceden a sus pedidos. El tema estaría resuelto de antemano, como habría sucedido en esta oportunidad. Todo esto es un desamparo total, pues se estaría estableciendo el criterio ideológico, como patrón para la solución de futuros conflictos en ese tribunal, lo cual es inaceptable. Para eso no han sido nombrados estos señores al TC. Como dijo el magistrado de ese órgano de justicia Ernesto Blume, “El Tribunal Constitucional no es un foro político, y por lo tanto debe resolver de acuerdo a los parámetros establecidos en la Constitución.”

Todo ello se ha hecho, con la esperanza, de que en el nuevo Congreso los grupos de izquierda y allegados, puedan vía una Asamblea Constituyente, alcanzar el sueño castro-chavista de una Constitución en lo fundamental, similar a las de Cuba y Venezuela. La huella de estos países, deslumbra a nuestros dirigentes izquierdistas, que sueñan como ocurre en aquellos países, con las posiciones que podrían lograr, a despecho de la tragedia que ha significado para esos pueblos. Qué ironía, no hace mucho, se hablaba del milagro peruano, y de un país que estaba saliendo del subdesarrollo, y que iba camino al primer mundo. ¡Que Dios nos proteja!



ico-columnistas-1-2018

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