Enrique Valderrama

Enrique Valderrama

PUNTO DE ENCUENTRO

Acerca de Enrique Valderrama:

Director de la plataforma de opinión Web Punto de Encuentro. Coordinador del Centro para la Democracia Social. Activista Político.



“Chinchero” Vizcarra y la banda de “Los pitufeadores de Moquegua”

Edmer Trujillo -quien debería renunciar al Gabinete inmediatamente- autorizó la entrega en 131 recibos de aproximadamente 300 mil soles cada uno, de alrededor de 42 millones de soles el último día de ejercicio como gerente del Gobierno Regional de Moquegua, al mando de Martín Vizcarra a ICCGSA, una de las empresas más emblemáticas del “Club de la Construcción”; todo ello en 2014. Antes, como bien señaló en diversos medios el analista político Fernando Rospigliosi, en 2013 ya habían adelantado 25 millones de soles a la misma empresa, sin que existiera un solo ladrillo puesto. Los indicios de corrupción en esta trama son del tamaño del puerto de Ilo.

Es evidente que quien gobierna el Perú hoy estaba no solo al tanto, sino que autorizó y animó esta maniobra, en la que no solo participó directamente Trujillo, su hoy ministro de Transportes, sino que también Hernández, hoy ministro de Agricultura, quien curiosamente actuó en el asunto con una empresa que certificaba que todo marchase adecuadamente. Todo muy conveniente y entre amigos.
Imagino que -siendo coherentes con su actuar- el Ministerio Público está evaluando la aplicación de la figura de organización criminal a estos ex funcionarios de la región sureña del país. Quizás, para proseguir con la tradición periodística de nombrar en forma gansteril a estas presuntas mafias, podríamos decir a modo de ensayo que estos podrían llevar el rótulo de “Los pitufeadores de Moquegua”. Emitir 131 recibos en 24 horas es una proeza en el arte pitufeador que merece quedar grabada en la mente del ciudadano.

El asunto es muy delicado ya que, junto al caso escandaloso de “Chinchero” y las otras casi 50 denuncias adicionales en Moquegua, el conocimiento público de este proceder, claramente irregular, dispara directamente al centro de flotación de la estrategia vizcarrista: “la lucha contra la corrupción”. Es claro que la referida cruzada no puede ser conducida y personificada por un corrupto o, por decirlo menos, por alguien con cuestionamientos tan difíciles de rebatir. Esto nos reafirma lo que decíamos en esta columna semanal hace algún tiempo: esta primavera anticorrupción debe ser uno de los procesos menos pulcros y más contaminados de nuestra historia republicana reciente, en donde sujetos de pocos escrúpulos y muchas ambiciones metálicas, con un rosario de temas que aclarar frente a los tribunales, han levantado el dedo acusador con severidad, buscando en verdad con ello blindarse y liquidar a sus enemigos políticos en el trance.

Desde lo estructural, esto nos obliga a poner la mirada en el balance y liquidación del proceso de regionalización -en realidad departamentalización- que llevó a cabo Toledo y que luego la clase política no cambió. La regionalización es vital, pero como se hizo y prosiguió nos ha heredado también ejemplos como Álvarez de Áncash, Viñas de Tumbes, Acurio en Cusco, entre otros. Y hoy la ejecución del presupuesto de las circunscripciones regionales es aún peor que la del gobierno central. Parte de esta casta de corrupción e impunidad subnacional hoy impera y en su momento de mayor fortaleza tenía al exmandamás de Moquegua, Vizcarra, en la Presidencia y a César Villanueva, exgobernador de San Martín, en la Presidencia del Consejo de Ministros. Quizás debamos repensar las formas de la necesaria descentralización para el futuro.



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