Enrique Valderrama

Enrique Valderrama

PUNTO DE ENCUENTRO

Acerca de Enrique Valderrama:

Director de la plataforma de opinión Web Punto de Encuentro. Coordinador del Centro para la Democracia Social. Activista Político.



Edmer Trujillo debe irse

Para desviar la atención del “Pitufeo Moqueguano” se han relevado varias informaciones, dándoles una trascendencia sorprendente, como por ejemplo la puesta en evidencia de corrupción militar alrededor del tema de la gasolina, algo que, lamentablemente, no es nuevo. También se destaca nuevas declaraciones que apuntan a que “Keiko es la señora K” y a presuntos aportes del “Club de la Construcción” a la campaña naranja. También se han dicho una serie de cosas respecto al Apra y a la Alan García, todas ellas sin corroboración y sobre temas de hace 30 años, inclusive. Pero, seamos sinceros, nada de lo señalado se acerca siquiera al hecho de que la corrupción esté instalada en el Gabinete Ministerial, en la persona de Edmer Trujillo, encargado de la potente cartera de Transportes, y que el escándalo del hospital de Moquegua involucre más que seguro al mismo Vizcarra. Eso sería una bomba mortal en cualquier democracia moderna. Es una irregularidad muy grande, la sola evidencia grita “corrupción”.

Recordemos que por mucho menos que lo conocido, Vizcarra despidió por Twitter al entonces ministro de Justicia, Salvador Heresi; sin embargo con Edmer Trujillo parece existir una relación que obliga a tomar las cosas con mucha más calma. ¿Lealtad a un aliado político? ¿Miedo a ser señalado por él en algún negocio ilegal? ¿El pago por decir que el único responsable es el? A medida que le damos vuelta al asunto van apareciendo alternativas peores: ¿Es acaso que una mafia que al parecer saqueó Moquegua hasta 2014, rige ahora sin freno ni contrapeso?

En medio de este tema surge la reflexión necesaria de que es lamentable de que no exista Parlamento instalado que pueda fiscalizar, llamar al ministro, interpelarlo y hasta censurarlo. Se hizo extrañar en el caso de Hugo Coya y Petrozzi, pero hoy, aún mas. Hoy el Gabinete Ministerial está suelto en plaza, con la posibilidad de hacer lo que quiera, incluso implementando las ocurrencias del jefe de Estado via decretos de urgencia, que a veces no son tan urgentes y menos desarrollados con lógica política y legal pulcra.

Una cuestión adicional: el asunto del “Pitufeo Moqueguano” y los indicios alrededor de favorecimientos a ICCGSA también en la gestión ministerial de Martín Vizcarra como ministro de Transportes son golpes muy contundentes a su narrativa de “lucha contra la corrupción”; demuestran que esa cruzada, para sus principales impulsores, no sería más que una máscara para ocultar su propia inmundicia. La legitimidad del gobernante de facto recae en ser el protagonista de una primavera anticorrupcioón, que parece que fue más corrompida que aquello que se supone se trazaron limpiar.

El único camino decente para afrontar esta circunstancia en el corto plazo es la renuncia de Trujillo o en todo caso su remoción si es que no tiene la dignidad de irse por propia voluntad. Vamos a ver si la lógica se impone, o más bien lo hace, el blindaje.



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