Enrique Valderrama

Enrique Valderrama

PUNTO DE ENCUENTRO

Acerca de Enrique Valderrama:

Director de la plataforma de opinión Web Punto de Encuentro. Coordinador del Centro para la Democracia Social. Activista Político.





La constructocracia y sus empleados de la “izquierda criolla”

Hoy el Perú atraviesa un momento similar a la primera parte del siglo XX; existe un grupo que opera desde la recuperación de la democracia –cuando menos– en 2000 y que ha ido sometiendo a muchos de los representantes del poder público a cambio de prebendas y coimas; controla además la inmensa mayoría de la prensa escrita y televisiva. Detrás de todo este esquema están lo grandes contratos de construcción que ha ganado este grupo sin parar, en alianza con Odebrecht, OAS, Camargo & Correa y Andrade Gutierrez, las empresas brasileñas protagonistas de la Mega Corrupción continental denominada “Lava Jato”.

La izquierda criolla peruana y su capital político y social, es decir su influencia en la academia nacional, sus ONG y sus redes empezaron a trabajar bajo la idea de –con el apoyo de buena parte de los medios y el aporte dinerario de la coalición Graña-Brasil– liquidar a sus adversarios políticos, a los que no era posible desaparecerlos en las urnas. Cabe mencionar que estas redes pseudoizquierdistas tienen una inmensa influencia tanto en el Poder Judicial como en el Ministerio Público. Todo ello lo pusieron al servicio de sus nuevos amos, a cambio de consultorías, financiamiento, pero sobre todo de respaldo para llevar a cabo sus pequeñas venganzas.

Entonces es correcto decir que la nueva “bancocracia” peruana es hoy la “Constructocracia”, el gobierno de las grandes Constructoras, representadas icónicamente por Graña y Montero, que aún gana licitaciones con el Estado, y por su socio principal: José Graña, hoy lejos del Perú, rodeado de una aura de impunidad. Esta sería el corazón de la neo oligarquía peruana y los izquierdistas limeños criollos sus entusiastas empleados.

está amenazada por una casta que solo busca impunidad y saquear los recursos del Estado. Sus fines no solo son distintos a los del Perú popular, son contrarios. En su irresponsabilidad les han dado viada a todas las ideas autoritarias del izquierdismo infantil o a los delirios de poder de aventureros que luego quizás los traicionen. Todo por seguir ganando contratos en condiciones obscenamente vergonzosas como las que consiguieron con Toledo, PPK, Humala y Villarán.

Los medios de comunicación no son malos per se, menos las instituciones; las grandes empresas aún menos; son los grandes intereses que persiguen actuar fuera del marco legal los que los orientan a convertirse de un lado en una gran factoría y repetidora de post verdades o de otro en elementos funcionales para el ataque político o, finalmente, en organizaciones mercantiles sin freno o escrúpulos. Recuperar su objetividad debe ser tarea de los otros grupos al interior de los medios –que siempre existen– y en lo que corresponde al sistema de justicia, somos los ciudadanos los que debemos exigir una reforma auténtica.





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