En su ensayo “La civilización del espectáculo”, Mario Vargas Llosa reproduce una cita de Octavio Paz sobre el carácter efímero, presentista de las acciones (“más bien simulacros”, acota nuestro Nobel de Literatura) de los políticos contemporáneos: “la civilización del espectáculo es cruel. Los espectadores no tienen memoria; por esto, tampoco tienen remordimientos ni verdadera conciencia. Viven prendidos de la novedad, no importa cuál sea con tal de que sea nueva”.

Mucho de esto hemos visto ayer en el mal llamado “debate” entre los candidatos presidenciales que pasaron a la segunda vuelta, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en la localidad de Chota, región Cajamarca, terruño del primero de estos aspirantes. Las novedades han sido muchas: polemizar por primera vez en una plaza pública con reglas establecidas por el equipo del Castillo y recién conocidas al final por el de Fujimori; la admisión en esa plaza de una muchedumbre (no ciudadanos) hostil a la candidata de Fuerza Popular; permitirle a Castillo la opción de llegar primero al estrado y mostrarse molesto por el retraso de Keiko, quien tuvo que abrirse paso –apoyada por la policía– en un trayecto de siete cuadras.

Claro, muchas novedades. Originalmente, el formato que pretendió Castillo fue exponer cinco minutos cada uno sin derecho a réplica. El pretexto para ello fue el de siempre: el chotano arguye tener una agenda apretada donde prioriza el diálogo con el pueblo y no pierde el tiempo en, por ejemplo, rondas de prensa donde jamás contesta las preguntas puntuales de los periodistas. Casi a los ruegos se logró admitir el minuto y medio adicional por cada ronda para que parezca “debate”.

Lo de ayer ha sido más un bien una confrontación de gestos, actitudes, frases felices con pullas y mucha demagogia sin posibilidad de acotarla con intervenciones más largas y esclarecedoras, principalmente en boca del profesor Castillo. Su oferta de destinar 10 % del PBI a la salud y otro 10 % a la educación, no tiene asidero alguno técnica ni presupuestariamente.

Ambos sí se hermanaron en asegurar una vacunación masiva muy pronto, aludiendo a conversaciones con embajadores o contactos de alto nivel en el exterior. Esta promesa sigue sonando hiperbólica, exagerada, poco seria por falta de precisión sobre cómo se logrará cumplirla.

Muy difícil extraer un ganador o ganadora de esta ensalada chotana. Sin duda, Keiko domina las herramientas de la discusión presidencial (luego de dos intentos frustrados de arribar a palacio de gobierno) pero Castillo tiene el expertise de la plaza pública y, por lo tanto, conoce el efecto emocional de las palabras rimbombantes sin contenido. Esperemos los debates en serio, los que ha planteado el Jurado Nacional de Elecciones.