Si a pesar de todas las evidencias de fraude electoral, las autoridades cómplices y el Gobierno logran imponer a Pedro Castillo como presidente, las perspectivas del Perú oscilan desde la imposición de una dictadura chavista hasta, en la menos mala de las opciones, un prolongado desastre económico y caos político.

A estas alturas, no hay duda que Castillo, Vladimir Cerrón y sus secuaces tratarán de imponer, a como dé lugar, una asamblea constituyente. Si lograran salirse con la suya, nos acercarían rápidamente a una situación como la de Venezuela.

Pero como también es obvio ahora, muchos son conscientes de ese peligro y tratarán de resistir, por todos los medios legales, que se cometa ese estropicio. Esa será una pelea muy dura y desgastante, que concentrará el interés y las fuerzas no solo de los políticos sino de la sociedad entera.

Ese propósito, el cambio de Constitución, lo comparte el cien por ciento de las izquierdas en el Perú. No solo Castillo y Cerrón, sino los seguidores de Verónika Mendoza –varios de los cuales fungen ahora de asesores “moderados” de Castillo-, del ex cura Marco Arana, los antauristas, Sendero Luminoso (Movadef), etc. Todos, sin excepción, quieren eso.

Y todavía hay ingenuos –para no usar otra palabra- que piensan que ese objetivo fundamental para ellos, lo van a dejar de lado si llegan a apoderarse del Gobierno.

Además, sus partidarios, los activistas de todos esos grupos, están convencidos de que una asamblea constituyente es indispensable para lograr sus objetivos y no van a permitir que sus jefes abandonen o posterguen ese propósito. Y los cabecillas necesitan de esos activistas -lo que Castillo llama “pueblo”- para sus acciones.

Eso, por supuesto, va a producir un duro enfrentamiento político con los partidarios de la democracia y el libre mercado, que llevará a un periodo de indeseable inestabilidad.

En el campo de la economía, si Castillo se hace del Gobierno, el Perú va a perder, de todas maneras, el nuevo ciclo alcista de los metales, sobre todo del cobre. Existen enormes reservas de cobre que no podrán ser explotadas. De hecho, los izquierdistas disfrazados de ambientalistas ya impidieron que prospere Conga en Cajamarca –y por extensión, Galeno, Michiquillay, etc.-, Tía María en Arequipa y varias otras. Y han causado daños enormes a la producción de minas activas, sobre todo en el llamado corredor minero del sur.

¿Alguien puede creer que si los activistas izquierdistas persisten en bloquear los proyectos mencionados un posible Gobierno de Castillo se enfrentaría con ellos para sacarlos adelante? Evidentemente no.

El crecimiento espectacular de la economía peruana desde 2004 tuvo como motores la minería y el gas de Camisea –que han prometido nacionalizar-. Esos motores estarían apagados con Castillo. La miseria, el desempleo y la pobreza no harían sino aumentar. Eso, en la menos mala de las opciones.

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