Las elecciones generales de la próxima semana pueden representar una de dos alternativas: o son la gota que rebasa el vaso del desastre nacional; o marcan el punto de inflexión para reconstruir una república que llega a su bicentenario fracturada, disfuncional y con más de un tercio de sus habitantes en estado terminal.

Cualquier opción de izquierda, desde la que representan Pedro Castillo hasta Verónika Mendoza pasando por Marco Arana, constituyen una grave amenaza para la identidad y la integridad nacional. La razón es largamente evidente: proponen una ideología marxista radical, oscurantista y hasta filoterrorista. La traducción ejecutiva de eso es, en síntesis, la resurrección del Estado pantagruélico, todopoderoso, ineficiente y burocrático desde el cual, supuestamente, el imposible igualitarismo social sería administrado por el poder de un partido. A eso apuntan con la prédica de un cambio de Constitución, destruyendo especialmente el capítulo económico que hoy establece una sana (aunque mal aplicada) economía social de mercado.

Imaginar a la izquierda en el gobierno es avizorar, además, una continua lucha intestina entre facciones comunistas porque todas están signadas, inevitablemente, por el canibalismo político. Y suponer que esta izquierda rija los destinos nacionales es advertir cómo nos desbarrancaríamos en un modelo venezolano de ineficiencia, corrupción, represión, cancelación de libertades fundamentales y regreso impune del MRTA y de SL.

Entre tanto, no hay centro político que valga. Lescano es un globo sobreinflado del populismo más grotesco e ineficiente que pueda existir. Un badulaque inventado a partir de la sobreexplotación de la marca Acción Popular, que ni de lejos se parece al partido que creó Fernando Belaunde Terry.

Guzmán no es alternativa porque su trayectoria de cinco años ha demostrado que es la prolongación del vizcarrismo, un golpista errático y extorsionador que amenaza, desde ahora, con movilizaciones oclocráticas contra cualquier gobierno que no sea el suyo. Es promotor del neomarxismo cultural y el globalismo que apunta directamente contra la esencia de la peruanidad al propugnar desde la nefasta ideología de género hasta la destrucción progresiva del Estado – Nación.

Entre tanto, tampoco hay una derecha, y menos ultra derecha ideológica. López Aliaga, De Soto, Fujimori y Acuña son la alternativa pragmática de una modificación estructural del Estado y la economía a partir del capitalismo popular. No hay mucho más que decir, entre ellos debería elegirse la alternativa de la reconstrucción liberal de nuestra república. Ahora todo depende de usted, querido lector, y de su voto responsable.