Cerró la legislatura 2020 sin debatir la ley contra la usura -que busca colocar topes máximos a la tasa de interés de los créditos bancarios- quedando en el aire la complicidad de la presidenta del congreso Mirtha Vásquez, antaño de izquierda, con los bancos. Soslayan los críticos que normas similares existen en todos los países desarrollados y en la mayoría de América Latina.
Así las cosas, se seguirá cobrando una tasa de costo efectivo anual (TCEA) que alcanza hasta 150.7% en tarjetas de crédito, 89.76% préstamos hipotecarios, 42.95% préstamos vehiculares (Retasas de la SBS).
Por otro lado, en el reporte de estabilidad financiera del 2020 del BCR (noviembre) señala que si bien ha crecido la morosidad, esta no pone “en riesgo la solvencia” del sistema financiero. El informe señala que para ello han resultado vitales las “reprogramaciones”, sobre todo en las deudas de los hogares que se sitúan en 46%, aunque se ha reprogramado sin tocar las altas tasas de interés. Al mencionar las medidas monetarias (rebaja de la tasa interbancaria a 0.25%, Reactiva Perú, etc.), el BCR menciona la línea “repo”, similar a Reactiva para reducir intereses, sin consignar que los bancos olímpicamente la vienen ignorando.
La gran mayoría de reprogramaciones se han pactado telefónicamente (entre el encierro y el temor), limitándose a postergar el pago de dos o tres cuotas mensuales, prorrateándolas en las cuotas siguientes, adicionando los intereses de la postergación. En el caso de las tarjetas de crédito, sólo se fraccionó y prorrateó el pago mínimo, mientras que en el crédito hipotecario se reprogramó hasta en 48 cuotas.
Otro dato no menor, es que el sistema financiero ha venido cerrando el puño a los hogares en los últimos doce meses (set19-set20) disminuyendo el universo de deudores en 4% mientras que la deuda se ha reducido en -1.2%. Ahora quedan cinco millones de hogares con un saldo deudor de S/ 118,000 millones de soles, en el cuál la morosidad ha crecido de 4.5% a 6.2% (S/ 660 millones) en tarjetas de crédito y en préstamos de consumo, ya que en los créditos hipotecarios casi no se registran impagos por el miedo a perder la vivienda.
Ayudó en ponerse al día, tanto la liberación del 25% del fondo de las AFPs como el Bono Universal, empero, lo medular ha resultado la retracción en el consumo privado de -10%, que retrasa la recuperación económica. A costa de sacrificar recursos que antes se destinaban a educación y/o alimentación, los hogares vienen sacrificándose con sus cuotas sin que los “Marchantes de Noviembre”: Elena Conterno (Intercorp), Gianfranco Ferrari (BCP), Miguel Ucelli (Scotiabank), Martín Naranjo (ASBANC), entre otros líderes financieros, planteen aligerarles esta carga con una rebaja en los intereses.
Colocándose en un escenario de stress por tres factores de riesgo cómo: una segunda ola de covid-19 que desacelere la reactivación, que la inversión sea menor aletargando la recuperación del empleo y una latente volatilidad cambiaria; el informe señala “si alguno o varios de estos riesgos se materializan, los bancos enfrentarían … una mayor morosidad … que subiría a 10.3% en el primer trimestre del 2021, reduciéndose a 8.3% a diciembre del mismo año”. ¿Soportarían las espaldas de las instituciones financieras este escenario?