Ernesto Álvarez Miranda

Acerca de Ernesto Álvarez Miranda:



Ciudad Internet

Sócrates, previamente acusado de corruptor, fue condenado a beber cicuta por la asamblea hábilmente conducida por demagogos. Cuando sus discípulos le plantearon huir, se negó porque creía en la legitimidad de la decisión de su ciudad y el escape solo lo convertiría en un apátrida, en un individuo sin ciudadanía. Siglos después, se describió la necesidad de filtros entre el Estado y el individuo, pues cuando el poder logra influir directamente sobre el ciudadano, domina la percepción popular, manipulando con facilidad las decisiones de la sociedad. Así, es necesario fortalecer el tejido social, los cuerpos intermedios de la sociedad, llámense sindicatos, gremios, partidos políticos, iglesias, prensa, asociaciones y universidades.

Con la última revolución tecnológica, aquella que ha instalado el internet con todas sus consecuencias en nuestros hogares y oficinas, centros de estudios y espacios de recreo, el individuo ha sentido que al tener acceso inmediato a una gran cantidad de información, puede convertirse en juez de todas las situaciones, reales o aparentes, a las que su conocimiento logra alcanzar; así, en redes sociales integra a una inmensa comunidad de contactos, intercambiando sensaciones y opiniones según la agenda que sutilmente imponen los líderes de opinión, sumándose dócilmente a las grandes tendencias de moda o colaborando con el ajusticiamiento colectivo de la víctima del día. Cada individuo, sin importar su capacidad o prestigio social, se siente hoy como uno de los griegos que votaron, convencidos de que protegían la moral de los jóvenes, por la muerte de Sócrates.
Cómo explicar a esos orgullosos ciudadanos de Ciudad Internet que, reducidos a su individualidad, quedan expuestos ante los grupos verdaderamente poderosos que manipulan la opinión pública esculpiendo a conveniencia la percepción popular de los hechos. Por eso, los grupos intermedios son esenciales para servir de capa protectora, porque su natural accionar sirve para articular los legítimos intereses de cada uno de los ciudadanos con las necesidades de la sociedad. Así, las iglesias difunden su visión de la vida según sus valores y creencias, los gremios empresariales defienden la necesidad de garantizar estabilidad en la economía; las minorías sociales tratan de demostrar la necesidad de reglas de discriminación positiva; los partidos políticos exponen sus programas legislativos, los sindicatos exigen ser consultados.

El gran peligro de la falsa suficiencia del individuo es que conduzca al retroceso a los tiempos de democracia directa, y al creer que quien detenta el poder es su aliado, se pierda lo avanzado durante siglos de evolución del liberalismo político y civilización humana.



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