Ernesto Álvarez Miranda

Acerca de Ernesto Álvarez Miranda:



Conservador

Durante la Gloriosa Revolución de 1687, el partido Tory tuvo que enfrentarse a su profunda convicción de que el poder proviene de la voluntad divina, para ir a la guerra contra Jacobo II, quien siendo primo del francés Luis XVI quería emular su absolutismo, enmascarando su objetivo con la reconversión de Inglaterra al catolicismo.

Hasta entonces, los tories habían sido partidarios de mantener los privilegios de la Corona y se habían opuesto a la creciente participación de la Cámara de los Comunes en las funciones del Gobierno, pues se distinguían por tratar de mantener las tradiciones y costumbres, en plena revolución industrial y de profundos cambios económicos y sociales. El actual Conservative and Unionist Party británico poco tiene del legado tory, pues sus principales postulados fueron adaptándose a la modernidad, de la mano de William Pitt y Benjamín Disraelí.

Ser conservador es creer como Margaret Thatcher que la libertad se destruirá a sí misma si no se ejerce dentro de un marco moral, de un conjunto de creencias compartidas, alguna herencia espiritual transmitida a través de la Iglesia, la familia y la escuela. La ética del trabajo nos impulsa a creer que no solo no es eficiente sino es también indigno entregar un subsidio económico a una persona, en lugar de promover las condiciones para que obtenga un puesto de trabajo, para que con su esfuerzo diario provea a su familia la satisfacción de sus necesidades.

Las dictaduras y populismos hacen lo primero para generar bolsones electorales, envileciendo a millones de personas, mientras que una democracia sólida se preocupa por la creación de empleo para construir una sociedad de ciudadanos propietarios; por eso, el de Thatcher fue el gobierno que más viviendas sociales construyó y el que más impuestos disminuyó.

Un conservador moderno sospecha del Estado en tanto constituye el ‘poder institucionalizado’. Por tanto, rechaza el control que pudo ejercer sobre la sociedad y la economía en modelos autocráticos como el fascismo, el nazismo y el marxismo. Por el contrario, juzga necesario que cada ciudadano se haga responsable de su propia libertad, de sus decisiones individuales, sin que el resto de individuos tenga que asumir las consecuencias de actos ajenos; pero al mismo tiempo, hay que protegerlo del poder, promoviendo un denso entretejido social que impida la excesiva influencia del gobierno sobre el ciudadano. Cree en la necesidad de respetar el libre mercado, en el imperio del derecho sobre el poder, y en que cada persona debe poder ser el arquitecto de su propio destino.



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