Ernesto Álvarez Miranda

Acerca de Ernesto Álvarez Miranda:



Dinámica Social e informalidad

Los países sudamericanos se fueron construyendo, desde la época de dominio español, en función a las experiencias históricas y a la evolución social y económica que cada uno tuvo que padecer.

Las declaraciones de independencia política y las adecuaciones políticas y jurídicas a los modelos constitucionales modernos, han modificado nuestras sociedades con diferentes resultados, por lo que nuestras sociedades son esencialmente distintas. Hay mucha más diferencia entre Perú y Chile, que entre Francia y Alemania. Ser pobre en Lo Espejo es una desgracia casi irremediable, serlo en Ventanilla es básicamente un reto.

En la última semana se ha mencionado repetidamente a la informalidad de la economía peruana, situada en un sorprendente 70%, como la causante de la frustración de nuestros marxistas radicales que quisieran el levantamiento de las masas. Esa misma informalidad absorbe la falta de políticas de creación de empleo y, en general, disimula la incapacidad del Estado para promover la satisfacción de las necesidades de los peruanos. La realidad nos indica que los ‘derechos’ laborales tan solo existen para menos del 30% de la PEA, pues en la práctica, los individuos resuelven sus problemas con inventiva y esfuerzo, como los pioneros puritanos de la Virginia del siglo XVII.

En la correcta visión ochentera de Hernando de Soto no es que lo informal deba ser aniquilado y transformado en formalidad, sino que lo formal debe imitar la comprobada eficiencia de la informalidad. Ahora sabemos, al analizar la insurrección de ‘los que sobran’ en Santiago, que la dinámica social que existe en nuestra sociedad permite que germine la esperanza de construir un futuro mejor con base en el trabajo y en la creatividad. Mesa Redonda, Rapid y Uber son algunas respuestas legítimas e inteligentes a la necesidad, no olvidemos que el mejor programa social es un puesto de trabajo que permita llevar un sueldo a casa.

Aquí hay más igualdad de oportunidades con la educación universitaria gratuita que Chile no tiene, pero para mantener la dinámica social y la ilusión de mejorar la calidad de vida sobre la base del propio esfuerzo, se necesitan también universidades e institutos técnicos particulares en distintos niveles de exigencia académica y costo mensual, porque no todos requieren una formación académica exigente y elitista.

La verdadera fortaleza de nuestro modelo no es la economía social de mercado, marco constitucional necesario y válido para lo formal, sino el espíritu emprendedor del peruano que no espera que el Estado solucione sus problemas.



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