Ernesto Álvarez Miranda

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El éxito del socialismo

La ofensa más grave al socialismo es reclamarle objetividad en la observación de los resultados producidos por la aplicación de sus recetas; mientras que el mayor alago al del capitalismo es destacar la constatación empírica de sus consecuencias. En todos los lugares del mundo, en diferentes sociedades y culturas, donde no hay propiedad privada, respeto a las leyes del mercado o incentivo del lucro empresarial, no ha existido creación de riqueza y los pueblos se han sumergido en la miseria.

El capitalismo surge y se difunde porque corrige la mediocridad del mercantilismo, concebido como la excesiva dependencia de las relaciones económicas respecto del poder político, y la ineficiencia del feudalismo, primitivo modelo de organización esencialmente agraria. La historia nos muestra dos hechos innegables: que el oro y la plata de las Indias no produjeron desarrollo económico en Castilla, en gran medida por su gestión mercantilista y por el modelo económico medieval; y que hubo la necesidad de construir un muro para que los alemanes sometidos al socialismo no huyeran al Berlín capitalista, manteniéndose ambos pueblos en la pobreza generalizada.

Cuando el Estado actúa con sentido común y permite capitalismo en Ica, por rara excepción, la iniciativa de los particulares transforma el desierto en sembríos de espárrago para exportación; a su vez, el éxito del emprendimiento empresarial no solo crea miles puestos de trabajo, sino también eleva sin norma jurídica el sueldo mínimo, pues la mayor demanda de mano de obra calificada produce la necesidad de aumentar la remuneración ofrecida.

Parece entonces evidente cuál debe ser la tarea de un Estado moderno: dar libertad a la iniciativa privada, removiendo los obstáculos naturales a través de la inversión en infraestructura, y eliminando las barreras artificiales que municipios, gobiernos regionales y ministerios imponen al emprendedor. El problema en nuestro país es que el Estado carece de dirección estratégica porque, a pesar que la libertad económica es un principio constitucional, sus dirigentes se avergÚenzan de promover el desarrollo económico en sus comunidades, pues en el colegio y en la universidad los han formado, o deformado, en la creencia de la superioridad moral e intelectual del socialismo, y en el perverso egoísmo que subyace en el capitalismo.

Mientras la realidad ha demostrado la inutilidad del socialismo para solucionar los grandes problemas de los ciudadanos, el poder que tienen sus militantes en el sector educativo ha logrado su único éxito: que su inmenso fracaso pase desapercibido, para seguir amenazando el futuro de las nuevas generaciones.

 






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