Ernesto Álvarez Miranda

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El modelo elegido

Cuando una sociedad descubre que ha sido gobernada por truhanes, necesita enfrentar la realidad y reconstruir sus sistemas de gestión, incluida la administración de justicia. Pero para eso requiere un líder que señale el nuevo rumbo, alguien que por la calidad de su visión política, y también por los resultados iniciales de sus esfuerzos,  genere la confianza de la opinión pública en su voluntad de servir al bien común y no a intereses personales.

Vizcarra fue el líder local que logró gobernar su pequeña pero importante región, gracias a sus relaciones profesionales con grandes empresas de construcción mereció la primera vicepresidencia en la plancha de PPK, relegando al tercer lugar a una técnica con vasta experiencia en el manejo de la economía nacional como Mercedes Aráoz.

Precisamente, cuando se necesita de una visión de país, una estrategia para garantizar el crecimiento de la economía y destrabar los principales proyectos mineros paralizados por la izquierda radical, encontramos a un Congreso sin brújula, sumergido en el debate de proyectos presidenciales sobre lo que Palacio considera prioritario en reforma política, y al Ejecutivo liderando deficientemente una reforma judicial sin mayor objetivo aparente que el armar un nuevo sistema de lealtades subalternas, similar al corrupto grupo ahora procesado, separarando a determinados jueces y fiscales supremos de sus cargos, y blindando al ya famoso elenco de fiscales, juez, onegeístas y periodistas ‘de investigación’, los que ahora componen un roadshow en colegios y universidades evidenciando su íntima e indebida coordinación.

Es tan obvio el afán presidencial, que varios aliados suyos han comenzado a marcar distancia en los medios de comunicación, pues sus convicciones liberales repelen el creciente intervencionismo en los procesos judiciales emblemáticos, donde a fuerza de una esmerada selección de audios, difundidos luego con exactitud suiza, van esculpiendo a placer la composición de determinados tribunales para asegurarse las sentencias apetecidas.

Vemos que la reforma judicial tiene como finalidad el control de la judicatura y no necesariamente el cambio del modelo y la mejora de su calidad; tan es asi que el Tribunal Constitucional ha decidido por unanimidad salir del Consejo para la Reforma Judicial recordándos que solo está sometido a la Constitución y a su Ley Orgánica.

La célebre Declaración francesa de derechos afirmaba que no existe Constitución ni Estado de Derecho donde no esté garantizada la independencia y autonomía de la administración de Justicia. Ese, y no otro, es nuestro modelo elegido.





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