Ernesto Álvarez Miranda

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El socialismo de Lava Jato y Cuadernogate

Cuando aun se debatía intensamente sobre ideología y modelos políticos, ser socialista implicaba cierta aureola de desapego al lujo y al dinero, de renuncia a la satisfacción individual a cambio del bienestar colectivo. En los últimos meses leemos las oscuras historias de la mayor corrupción sistemática que ha existido en Latinoamérica en el presente siglo, protagonizadas por los íconos del socialismo populista regional: el destructivo régimen venezolano, que logró que las hijas de Chávez fuesen consideradas en el top de las personas más ricas del planeta; el complejo entramado de Lula que empezó a descubrirse en el 2014 con Lava Jato, la corrupción de funcionarios del Partido de los Trabajadores alrededor de Petrobras, y que luego continuara en torno a las empresas constructoras; y el kirchnerismo argentino, que implementó un eficientísimo sistema de corrupción, siempre edulcorado con la grandioelocuencia y parafenalia izquierdista, ahora documentado en el Cuadernogate.

Óscar Centeno era el chofer de Roberto Baratta, lugarteniente de Néstor Kirchner y luego de su esposa Cristina Fernández. Durante 10 años apuntó todos los detalles de los sobornos recibidos por la pareja presidencial de empresarios de diversos sectores económicos, que, conforme fueron detenidos, fueron aceptando los hechos a cambio de evitar la cárcel. No había construcción ni contrato de energía con el Estado que no tuviera precios inflados, exactamento por el mismo 20 por ciento que constituía el adelanto que formalmente se pagaba a la empresa, y que luego se trasladaba hacia la esfera de la pareja, quienes impedidos de contar los billetes, pues eran varios millones de dólares los que llegaban cada semana, simplemente los pesaban y destinaban a cuentas bancarias, empresas ‘offshore’ o a cajas fuertes del tamaño de dormitorios.

Al igual que en Brasil, en Argentina el poder político fue tan solo un instrumento para la organización de un sistema de acumulación de miles de millones de dólares para los mismos individuos que lograban seducir a las masas con sus discursos revolucionarios y anticapitalistas. Mantener el poder no significaba la posibilidad de realizar un programa político, representaba mantener el sistema en funcionamiento. Obviamente, aspiraban a mantener la impunidad de sus actos, mediante la intervención arbitraria en los órganos de administración de justicia o directamente el asesinato, como el del fiscal Alberto Nisman. El socialismo les brindaba la cobertura ideal para controlar toda actividad económica, y sabemos de sobra los peruanos, la corrupción florece en la intervención innecesaria del Estado.





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