Ernesto Álvarez Miranda

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El socialismo en la nueva generación

Cuando ingresé a la universidad, el Perú había decidido que un tercio de la Asamblea Constituyente fuese integrada por políticos marxistas. Un porcentaje similar de mi aula aseguraba que, más temprano que tarde, el socialismo derrotaría al capitalismo y el mundo entero se organizaría bajo los principios ideológicos de Marx y Lenin. Al año siguiente, la pequeña udepista Edith Lagos no regresó de su natal Ayacucho para estudiar el segundo año de Derecho y Sendero Luminoso inició la famosa lucha armada que toda la izquierda marxista anunciaba inminente pero cuyas condiciones ideales aún aguardaba. Al finalizar el feroz período terrorista, luego de dos décadas de muerte, miedo y destrucción, mi generación y la siguiente quedaron vacunadas contra el socialismo marxista.

Paralelamente, las décadas de intervencionismo populista y keynesiano en la economía, tanto en el gobierno militar como en los posteriores gobiernos civiles, nos enseñaron que los controles de precios y los subsidios terminan perjudicando a quienes dicen querer beneficiar; que el proteccionismo y la falta de competencia condenan a los ciudadanos a consumir productos de baja calidad a precios elevados. El ama de casa intuye lo que el buen economista sabe: el excesivo gasto público, provoca desequilibrio presupuestal, lo que conduce a la temida inflación. Por eso, y a diferencia de nuestros vecinos, los peruanos mayores de cuarenta años sabemos que el socialismo se presenta como una emotiva propuesta política, pero carga un programa económico utópico y perjudicial. La experiencia nos ha marcado a fuerza de interminables colas, escasez y mercado negro; lo sucedido en los países latinoamericanos nos lo ha ratificado.

La principal amenaza a la economía de los hogares es la demagógica tentación de recoger propuestas socialistas para adquirir esa vendedora imagen de sensibilidad social que tanto emociona a la nueva generación. En los patios universitarios caminan jóvenes como Edith Lagos, creyéndose culpables de tener un smartphone, mientras la gente del Ande pasa hambre, no intuyen que la pobreza está directamente relacionada con la falta de capitalismo, al carecer de las herramientas para producir bienes y servicios que el mercado, nacional e internacional, aprecia. Mientras el socialismo ha disminuido radicalmente la calidad de vida en todos los países en los que se impuso como modelo económico, el capitalismo ha logrado elevar todos los indicadores donde fue aplicado; sin embargo, a pesar de su contundente victoria, carece de buena imagen ante muchos jóvenes inteligentes e idealistas, que prefieren repetir viejas recetas en coloridos recipientes de moda.



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