Ernesto Álvarez Miranda

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Es posible mejorar el próximo Congreso (1)

Como la Constitución y la Universidad, el Parlamento es un invento surgido en la Edad Media. El poder creciente de los residentes de las ciudades hace necesario incorporarlos en los procesos de decisión política más importantes, como la solución para complejos problemas de sucesión dinástica o la aprobación de nuevos impuestos para el financiamiento del gobierno y de las guerras. Son las Cortes Generales de León quienes reúnen por primera vez representantes de los burgos. Desde entonces, y a pesar del absolutismo de la Edad Moderna, las asambleas políticas se fueron institucionalizando como mecanismo eficaz para canalizar los intereses y las tendencias, muchas veces contradictorias, de cada comunidad política.

Son muchos los factores que han contribuído al declive de la institución parlamentaria, especialmente crítica en el Perú. Uno de los principales es el método de selección de representantes, tanto así que desde varios quinquenios resulta común afirmar que el próximo Congreso será peor que éste, siendo esto inevitable mientras mantengamos las mismas reglas. Todo comienza por la terrible subrepresentación de la ciudad capital, pues en todo el país existen algo más de 23 millones de electores, y en Lima se concentran más de 8 millones, lo que significa que, básicamente, un tercio de la población electoral reside en una ciudad que apenas tiene 36 de 130 representantes, el 27 % del Congreso. De manera que gran parte de los intereses y tendencias de la principal metrópoli no tienen el impacto necesario en los debates y votaciones parlamentarias; peor aún, si consideramos que la mayoría de jóvenes estudiosos y emprendedores deciden residir en Lima, dejando sus pueblos en manos de líderes locales sin visión nacional que, en promedio, carecen de la trayectoria necesaria, pero tienen enorme ventaja electoral al tener mayor contacto con los electores de su circunscripción.

Lo lógico sería establecer una mejor distribución de escaños parlamentarios, proporcional a la problación electoral de cada región, o mejor aún, de cada provincia, determinando que cada distrito electoral limeño elija a un congresista, con la finalidad de acercar los representantes a sus representados, agregando a ese objetivo un buen invento norteamericano: la reducción del mandato parlamentario a dos años y medio, haciendo posible la renovación total del Congreso, y dejando en manos del elector la reelección de quienes sí lo satisfacen. Así, tan pronto son elegidos los diputados, deben continuar en campaña, incorporando las tendencias y necesidades de sus electores, nítidamente identificados a sus propuestas y acciones políticas.





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