Ernesto Álvarez Miranda

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Es posible mejorar el próximo Congreso (2)

Cuando Acción Popular y el Apra lograron la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, en 1980 y 1985 respectivamente, lo hicieron con los militantes de cada uno de los Departamentos donde habían construido liderazgo; no existía la posibilidad de postular en movimientos independientes o vientres de alquiler; por tanto, todas las personas con aspiración política se encontraban militando en alguno de los partidos de acuerdo a sus convicciones ideológicas; así, la presencia de la mayoría de partidos era notoria en cada una de las ciudades del interior. La militancia implicaba aprendizaje no solo de programas y doctrinas, también de las condiciones para escalar al interior de un grupo social organizado y disciplinado; para llegar a ser candidato del partido, era necesario haber demostrado capacidad durante varios años de ardua competencia interna. Hoy, en cambio, las figuras más notorias de cada provincia suelen incorporarse a las listas sin ningún aprendizaje previo, impulsados por transitorias agrupaciones coyunturales, aprovechando alguna coyuntura afortunada y el financiamiento no supervisado de la informalidad creciente de madereros, mineros o cocaleros.

Para lograr la mayoría absoluta, Fuerza Popular tuvo que convocar a una multitud de pequeños líderes locales, muchos de ellos sin más formación política que la ambición de un escaño para negociar obras y coimas con quien tenga el poder, habiendo transitado para ello por varias agrupaciones de ideas contradictorias o, simplemente, ausentes. La realidad actual nos muestra que la militancia real en las capitales de provincia es, esencialmente, marginal; se debe reclutar invitados con algún nivel de notoriedad, por lo que a cualquier partido que logre buenos resultados en las próximas elecciones parlamentarias le ocurrirá lo mismo que a FP, sufrirá las renuncias de quienes solo se sienten comprometidos con su propio interés inmediato; y claro, llamarán razones de conciencia a su traición.

Mejorar la calidad del congresista promedio pasa por rescatar las reglas que obligaban a los aspirantes a militar en un partido político permanente, formando mente y carácter. De nada sirve exigir un número determinado de comités departamentales y provinciales si las normas electorales permiten que sea mucho más fácil organizar un grupo nuevo o transitorio para postularse en él, que competir al interior de una organización jerarquizada y estable. En esa misma línea, hay que privilegiar al militante, dándole mayor capacidad de decisión que al simple inscrito, pues solo así se fortalecerá a los partidos políticos, quienes por mandato constitucional deben presentar a la mejor oferta electoral posible a sus electores.



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