Ernesto Álvarez Miranda

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La necesidad de dos Cámaras

Las instituciones democráticas siempre se han desarrollado por necesidad, y a partir de ahí, fueron teorizadas por autores que describieron lo que estaban observando. Al principio de la Edad Media el poder económico residió en la propiedad de la tierra, así,  una sociedad vertical regida por el pacto de vasallaje necesitó de una autoridad que asegurara orden y seguridad. Cuando los comerciantes, banqueros, navegantes y gremios profesionales adquieren importancia económica, el centro del poder se traslada hacia las ciudades, haciendo indispensable convocar a sus representantes para que participen en los procesos de decisión política, tanto en los Ayuntamientos como en el Parlamento inglés o las Cortes Generales de los reinos ibéricos; así, los regímenes políticos evolucionan para dar espacio a las nuevas clases sociales, con mayor o menor éxito. Inglaterra es la más afortunada, pues pudo mantener sus tradiciones y costumbres conservando la Cámara de Lores, y otorgando al mismo tiempo a los parlamentarios que representaban a la opinión pública, su propio espacio de discusión y luego, de gobierno.

Al comenzar la Convención de Filadelfia, la idea predominante fue aprobar un Congreso unicameral, con representantes elegidos en proporción a la población electoral de cada estado. De pronto, los delegados de las colonias menos pobladas se dan cuenta que estarían en manos de las élites de las colonias mayores, y se desata la crisis que amenaza con disolver la Convención; Madison propone entonces un Senado, recogido de la Roma republicana, compuesto siempre por dos senadores por cada estado, sin importar su extensión o población electoral; de esa manera, el Senado en EE.UU. garantiza una visión nacional dentro de un régimen federal, siendo un contrapeso de la Cámara de Representantes.

En ambos modelos, la segunda Cámara es útil. A partir de la necesidad política se diseñaron modelos que funcionan razonablemente bien; si nuestro problema recurrente es la baja aceptación del Congreso como institución, la actual reforma política nos puede permitir combinar una Cámara de Diputados compuesta por representantes de pequeños distritos electorales, de forma tal que para conservar sus carreras políticas, se relacionen y identifiquen con sus representados recogiendo sus tendencias y necesidades. Tener un Senado que sirva como equilibrio y contrapeso, elegido por distrito nacional único, permite que sus miembros tengan una visión nacional e integral de los problemas y soluciones del país. El bicameralismo, como el inglés y el norteamericano, no sería fruto de teorías sino la respuesta a la necesidad política y un instrumento útil para consolidar nuestro régimen democrático.





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