Ernesto Álvarez Miranda

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La nueva dicotomía

El éxito del fútbol como fenómeno de masas se sustenta en su enorme capacidad de representación. Hace algunas décadas, Alianza y Universitario reflejaban formas diferentes de entender tanto el fútbol como la vida misma, el primero era un elogio a la picardía, la inspiración, la alegría despreocupada; el segundo encarnaba una visión de esfuerzo y entrega física, rebeldía ante la adversidad, la garra. Y claro, los aficionados se dividían en esas dos opciones mayoritarias. La mejor manera de lograr seguidores es representar las creencias, los prejuicios y los temores de los grupos sociales que componen una sociedad; al mismo tiempo, mientras más importante sea una entidad representativa, más posibilidades le dará a una segunda que logre posicionarse como su perfecta rival.

De esto sabe mucho el Perú. Huáscar por la tradición quechua y Atahualpa quemando las momias sagradas en el Cusco; José F. Sánchez Carrión por la República y Fernando Monteagudo por la Monarquía Constitucional; el liberalismo de Javier Luna Pizarro y el conservadurismo de Bartolomé Herrera; Gamarra y Santa Cruz; Castilla y Vivanco; Piérola y Cáceres; Haya y Belaunde.

El pronto retiro político de Mario Vargas Llosa dejó un peligroso vacío en el espacio alternativo a Alberto Fujimori. Él lo comprendió y asumió su responsabilidad con más errores que aciertos. Toledo, Ollanta, Kuczynski, e incluso Vizcarra, son productos de esa incomprensible ausencia. El gran reto actual es el de predecir qué o quién logrará llenar el enorme vacío que deja la derrota política del fujimorismo en manos de poderoso frente anti que supo unir a la aristocracia empresarial y al marxismo radical, a la intelectualidad urbana y al campesinado andino.

En enero del próximo año tendremos el privilegio de asistir al inicio de una nueva etapa en la historia política del Perú. El campo está libre para las entidades que logren representar con eficiencia la nuevas tendencias e intereses mayoritarios. Como consecuencia natural de los previsibles resultados electorales del fujimorismo, el amplísimo frente anti romperá filas y los antiguos aliados frentistas saldrán a competir disputándose el control del Congreso Corto. Los más activos y organizados son los cuadros de izquierda, aprovecharán la aceleración política para cambiar la Constitución y el modelo económico; al frente deberán posicionarse personalidades de derecha para intentar frenar esa dinámica bolivariana que puede devorar la democracia y el Estado de Derecho. He ahí la nueva dicotomía de la política peruana.



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