Ernesto Álvarez Miranda

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La Universidad Alternativa

Luego de la caída del Imperio Romano, Europa se sumerge en caos político y social. Las tribus bárbaras se asientan dando origen a las nuevas naciones. Es la Iglesia la que recoge y preserva el conocimiento, atesorándolo en monasterios y conventos; cuando la paz retorna, la sociedad se organiza en torno a la agricultura y el comercio, y se hace evidente la necesidad de formalizar los estudios de Teología y Derecho, naciendo la Universidad como espacio de formación de la élite en Artes Liberales que la comunidad necesita.

La suma de maestros y de alumnos provistos de inteligencia y de curiosidad, compartiendo los mismos edificios, promovió la competencia por conocimientos para ascender en la jerarquía académica, configurándose así, y desde el origen, las tres tareas que toda universidad debe asumir: preservación del conocimiento universal, formación de nuevos profesionales, y la creación de conocimiento nuevo vía investigación científica.

Desde entonces, los procedimientos para enseñar y para aprender han cambiado muy poco y los rectores siguen confrontando con el poder político en medio de la misma maraña de tramitología y regulación más o menos justificada y, aunque parezca difícil de creer, la Universidad sigue teniendo esas tres tareas consideradas esenciales en toda sociedad moderna.

Se reconoce legítima la existencia de una variedad de modelos universitarios pues no toda institución está verdaderamente encaminada hacia la investigación científica; así, puede haberse propuesto formar eficientemente los profesionales que la sociedad requiere, o lo contrario, dedicar muchos créditos a asignaturas humanísticas en procura de una formación integral.

El problema se presenta cuando surge el modelo alternativo, la versión light de universidad, que no requiere de una cuantiosa inversión de tiempo, de estudio ni de dinero, pero que satisface en un nivel mínimo las expectativas del alumno de obtener el título profesional por sí solo, divorciado de la formación académica que le permita competir y ofrecer al mercado servicios de cierta calidad.

Esa universidad alternativa es elegida porque el alumno es plenamente consciente de su falta de aptitud académica y de que egresará sin las competencias necesarias para desempeñarse con suficiencia;  eso no le importa, porque sabe que podrá ascender socialmente por vías ajenas al mérito, pues no vivimos en una sociedad meritocrática. La universidad mediocre, por ello, es producto de la misma cultura social, por consiguiente, no dejará de existir solo porque una ley reguladora la prohíba. Ese es el problema que la Sunedu deberá resolver en los próximos dos años.



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