Ernesto Álvarez Miranda

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Los cien años del Tucán

Esta semana la Fundación Konrad Adenauer y el Partido Popular Cristiano celebrarán los 100 años de Luis Bedoya Reyes, el líder político más importante del socialcristianismo en el Perú.

Por cierto, es Víctor Andrés Belaunde el gran pensador e inspirador de la posterior Democracia Cristiana, producto de la agrupación de juristas arequipeños y limeños en 1956, bajo la presidencia de Mario Polar y la secretaría general de Luis Bedoya. Ese año presentaron solo listas parlamentarias, obteniendo por ello una cifra relativamente pequeña de curules, pero conformaron la mejor bancada de la historia republicana; evidentemente, se trataba de un partido de cuadros en el que era difícil destacar debido a la calidad de sus integrantes, de allí el apelativo de ‘los cuatro gatos’. El espacio centrista fue asumido por Fernando Belaunde y Acción Popular, típico partido aluvional; así quedó signado, desde el principio, el destino político del socialcristianismo. Ya después se produce la confrontación entre Bedoya y Cornejo, convertido en agente de la dictadura militar de Velasco Alvarado.

Luis Bedoya funda luego el Partido Popular Cristiano con personas de sólida formación, esencialmente Mario Polar Ugarteche, Luis Alayza Grundy y Roberto Ramírez del Villar. Con ellos impone, con menos de un tercio de los constituyentes, su programa doctrinario en la Constitución de 1979, desde el concepto de Persona Humana, hasta el modelo económico alemán de Economía Social de Mercado. En la campaña presidencial de 1980 Bedoya presenta a un electorado acostumbrado a las ideas socializantes de Velasco y el Sinamos, el mismo planteamiento económico que Vargas Llosa difundirá con éxito diez años después. Y es que el Tucán fue un adelantado a su tiempo, con su firme carácter se hubiera podido enfrentar y vencer al fenómeno terrorista en su fase inicial, al tiempo que se aplicaban conceptos pepecistas de equilibrio presupuestal, austeridad en el gasto público y promoción de la iniciativa privada, que hubieran evitado la posterior hiperinflación y el shock económico.

Sin llegar a gobernar, Bedoya también supo poner su sello en la Constitución de 1993 a través de la superioridad intelectual de su disciplinada bancada. Así, recoge en el texto aprobado la preocupación liberal por el desastre producido, pero ancla la economía en el principio de subsidiaridad y en la búsqueda del bien común. Demócrata por formación y honesto por convicción, es el único político peruano que pasará a la historia por haber tenido siempre la razón, pero nunca la ocasión.



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