Ernesto Álvarez Miranda

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Por un Consejo Superior de Justicia a la italiana

Es tiempo de debatir sobre el modelo de selección de jueces y fiscales. Lo primero que debe recordarse es el fracaso del ejemplo norteamericano, de designación de jueces mediante el sistema del envío de ternas, pues aparte de primar el criterio partidario se solía dirigir el resultado proponiendo al favorito y a dos impresentables. Se comprobó así, que el Gobierno y el Congreso no deben participar directamente en ese proceso.

Con la Constitución de 1993 importamos una mala copia de los Consejos Superiores de Justicia europeos, porque las ONG de moda impusieron la participación de la llamada ‘sociedad civil’, a través de los colegios profesionales y universidades existentes, sin mayor filtro ni criterio. De esa manera, se logró que los elegidos fuesen normalmente expresión de las camarillas dominantes en cada grupo elector.

Se ha propuesto que la carrera jurisdiccional parta de una verdadera Academia, similar a la que marca el inicio obligatorio de la carrera diplomática, pero recordemos que su éxito reside en la envidiable autonomía de la que gozan los miembros del servicio, ellos deciden sus ascensos y sus asignaciones, se autogobiernan, logrando, con ello, una real solidez institucional y una alta autovaloración, independientemente del sueldo.

Precisamente eso hicieron los Consejos Superiores de Justicia europeos, concretamente, el italiano. Con ese modelo jueces y fiscales latinos vencieron la corrupción de la clase política en el famoso fenómeno ‘Manos Limpias’ también conocido como ‘Tangentópolis’ en la década de los 90’. Derribaron en poco más de cinco años a todos los partidos del sistema político italiano, acostumbrados a recibir sobornos de casi la totalidad de grupos económicos. Fue posible, porque su CSJ aunque estando compuesto en minoría por representantes del Gobierno y del Congreso, tenía una mayoría de consejeros elegidos por todos los jueces y fiscales.

Siempre hay que tener en cuenta que toda regla constitucional se concretará de la peor forma posible. El defecto que trajo consigo este sistema fue la formación de ‘partidos’ de jueces al interior de la propia judicatura, agrupándose por su talante ideológico; así, progresistas, conservadores y liberales formaron sus propias organizaciones para impulsar a sus miembros al Consejo y, al mismo tiempo, impugnar a los propuestos por los ‘partidos’ contrarios, constituyéndose lo que Loewenstein denomina controles intraórgano, que limitan las propuestas de personas fácilmente criticables.

Contribuye también, que no existen ‘ascensos’, siempre susceptibles de negociación. El CSJ determina cada año quiénes ocupan salas de apelación o juzgados de primera instancia. Todo un reto para la imaginación.





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